SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“La victoria tiene mil padres. La derrota es huérfana.”

John F. Kennedy

 

México jugó como siempre, pero ganó como nunca. La selección nacional no fue en realidad superior a la alemana, que tuvo posesión del balón 67 por ciento del tiempo contra 33 de México; que tiró 26 veces a gol, nueve de ellas entre los postes, mientras México lo hizo en 13 ocasiones con solo cuatro dirigidas a la portería. La asediada defensa mexicana cedió ocho tiros de esquina, Alemania sólo uno. Guillermo Ochoa, el portero de las cuatro Copas, fue el verdadero héroe del partido.

Ninguna de estas estadísticas, sin embargo, cuenta al final. La única que vale es el número de veces que el balón penetró legalmente la línea de gol. Esto sólo ocurrió una vez en el partido, con el remate que Hirving Lozano colocó junto al poste a los 35 minutos del primer tiempo fuera del alcance del gigantesco portero alemán Manuel Neuer.

Para los alemanes una victoria sobre México habría sido una simple anécdota, para México es un triunfo histórico. El Ángel de la Independencia fue rodeado por miles de eufóricos celebrantes que hacían sonar sus vuvuzelas. Esas banderas mexicanas, que ya no salen a relucir en septiembre para las fiestas patrias, se desplegaron en calles y plazas.

Nada supera el sabor de la victoria. Varios estudios subrayan la importancia en la psicología colectiva de las victorias deportivas. “Una fuerte identificación con un equipo deportivo específico proporciona un amortiguador ante los sentimientos de depresión y enajenación, y al mismo tiempo promueve sentimientos de pertenencia y de autoestima”, señalan Nyla R. Branscombe y Daniel L. Wang del Departamento de Psicología de la Universidad de Kansas. “La identificación con equipos deportivos remplaza los lazos familiares y comunitarios más tradicionales con una estructura social mayor.”

Los festejos por la victoria pueden ser bastante exagerados. Ni Alemania ha dejado de ser la primera selección nacional en la lista de la FIFA, ni México ha dejado el lugar número 15. Nunca había vencido México a Alemania en un juego oficial, pero si nos volvemos a medir en esta misma Copa del Mundo, Alemania será nuevamente favorita.

El futbol tiene esa naturaleza. En un día en particular, Islandia puede empatar con Argentina, Portugal con España y Suiza con Brasil. A lo largo de varios juegos, sin embargo, los equipos tradicionalmente triunfadores, los que tienen mejores canteras y una mayor estructura para adiestrar jugadores, ganan más veces que sus rivales. Por eso son tan pocos los equipos que han levantado la Copa del Mundo.

El equipo nacional mexicano no es ya el de los ratoncitos verdes que siempre son humillados. La escuadra que ayer derrotó a Alemania se nutre del equipo que fue campeón del mundo en 2005 como sub 17 con Carlos Vela, Héctor Moreno y Giovani dos Santos y también del que en 2012 ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres con Oribe Peralta, Marco Fabián, Giovani y Héctor Herrera. Ya hay más cantera, más estructura. Nos ha ayudado la globalización, que ha permitido aumentar la calidad de la Liga Mx y ha hecho posible también que muchos mexicanos jueguen en Europa.

Pero falta mucho camino por andar. Un triunfo inusitado, aun cuando sea contra Alemania, no hace que nuestra selección sea mejor que la alemana, ni la vuelve favorita para ganar el Mundial. En Sudáfrica 2010 México derrotó 2-0 a Francia y en Brasil 2014 empató a ceros con el anfitrión. Ninguno de esos resultados históricos nos llevó más allá del cuarto partido.

 

Líderes millonarios

Mucho daño hace a la campaña de José Antonio Meade el apoyo de Carlos Romero Deschamps. No puede cuestionar a Andrés Manuel López Obrador por la candidatura de Napoleón Gómez Urrutia cuando él tiene el respaldo del millonario líder petrolero.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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