ALBERTO AVENDAÑO*
ALBERTO AVENDAÑO*

Hace un par de días se presentó la nueva antología de escritoras zacatecanas, Y son nombres de mujer, un esfuerzo que llevó acabo el colectivo Líneas Negras. Fue una sorpresa y un gusto para mí encontrarme con nombres desconocidos al revisar el índice, nuevas letras que buscan un espacio en la literatura zacatecana. Son veinte las integrantes de esta selección, un cúmulo de voces que cada una, a su manera, le otorgan valor al libro.

Lo primero que hice fue leer los poemas de los nombres conocidos, llegué a la sencillez y elegancia de Irene Ruvalcaba, para mí es un gusto (re)leerla siempre. Seguí con el nihilismo y ferocidad de Mayra Melanie Macías Madero y continué con la ironía de Yamilet Fajardo Veyna. Quise tomar un descanso de la poesía y acudí al cuento, a la intriga de Rebeca Medina Aragón. Fue entonces cuando decidí leer algún nombre no conocido para mí, así que María Refugio Grey Martínez me tomó entre sus palabras para conocer a Josefa Letechipía de Gonzáles, fue algo realmente enriquecedor.

Regresé a la poesía, que es mi principal preocupación, y me encontré con la voz vibrante de Brenda Ortiz Coss. Salté a un nombre conocido, al de una amiga que no sabía que escribiera poesía, Sara Ortiz García, que busca el amor erótico y explora las nuevas maneras de ver el lenguaje. Continúo y descubro a Alejandra Padilla Pantoja, una voz sencilla pero arrabiata.

Regreso al cuento y me encuentro con Sonia Ibarra Valdez, que me habla de las premoniciones y del campo. Luego, una de mis cuententistas jóvenes preferidas, Alejandra Rodríguez Montelongo, que nos sumerge en la historia con el tono que la caracteriza. Greicy García Lemus me habla con humor sobre su último divorcio e Irma Elizabeth Castañeda Candelas me invita a reflexionar con sus textos cortos.

Pasa el tiempo y continúo en mi lectura, me detengo un instante y reflexiono sobre esta constelación de nuevas voces, ¿Quiénes continuarán escribiendo en veinte años? Alguna de ellas tiene que ocupar un lugar importante en la literatura mexicana, eso lo creo firmemente, dejo el divague y regreso a la poesía, Mayola Cruz Flores me divierte con su ingenio y Ana Lilia Félix Pichardo me muestra el recuento de los daños.

Otra voz nueva para mí, Lucia Meza González, que en un sólo poema sintetiza el dolor de perder a un ser amado. Un cuento de Patricia Quintero Rodríguez me confirma que gracias a Amparo Dávila seguirá la tradición del cuento fantástico en el estado. Citlaly Aguilar Sánchez me deja en un estado de reflexión, mientras Elena Cortés Sánchez me da una muestra de su prosa y verso. Es el turno de Chelseae Yarazel Carrillo Carrillo, quien me dice que hay que tener, a veces, fiebre en los huesos para poder escribir.

He terminado mi lectura y me siento satisfecho, más que nada por saber que hay nuevas escritoras esperando por ser leídas, aunque, por otro lado, creo que hicieron falta un par de poetas que pertenecen a mi top.

El trabajo del colectivo es aplaudible, no podemos seguir esperando a que las instituciones nos volteen a ver. Hoy gracias a la autogestión y a la disciplina tenemos esta muestra y ahora esperaré con paciencia a que este iceberg escupa estrellas nuevamente.

 

*Poeta, narrador y traductor. Ha publicado Para cantar bajo la lluvia, Rey Chanate, 2017. Actualmente traduce al poeta toscano Cecco Angiolieri, que se publica quincenalmente en el blog literario El Guardatexto


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