Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento

“Haces campaña en poesía. Gobiernas en prosa.”

Mario Cuomo

 

Al final no estuvieron ni cuchareadas ni copeteadas. Las encuestas previas, como tantas otras veces, fueron acertadas. Andrés Manuel López Obrador ha sido electo presidente. Los sondeos a boca de urna le daban ayer desde temprano una ventaja irreversible. Ricardo Anaya quedaba en un lejano segundo lugar, seguido de José Antonio Meade.

La tercera fue la vencida. El tabasqueño tendrá la oportunidad de tratar de hacer esa cuarta transformación del país que prometió, una transformación “pacífica pero radical”, en sus propias palabras.

La esencia de la democracia es el reconocimiento de una derrota electoral. En esta ocasión José Antonio Meade, el candidato del PRI, lo hizo al filo de las 8 de la noche. Ricardo Anaya, minutos más tarde. Es el reconocimiento que no ofreció López Obrador ni en 2006 ni en 2012.

No hay claridad en el momento en que escribo sobre la conformación del Congreso. Pero este resultado será muy importante para que López Obrador pueda llevar a cabo su plan de transformación radical del país. Muchas de las promesas que hizo en campaña no pueden aplicarse desde la Presidencia: requieren aprobación del Congreso. Morena será el partido con mayor número de representantes en la Cámara de Diputados y en el Senado. Pero falta saber si tendrá mayoría absoluta.

Morena captó la mayoría de los gobiernos estatales en contienda. Morelos, Tabasco, Chiapas y la Ciudad de México quedaron en sus manos. En Puebla y Veracruz el resultado parece favorecerle también. Guanajuato, en cambio, se inclinó por el PAN y en Jalisco ganó Enrique Alfaro de Movimiento Ciudadano. En Yucatán no queda claro el resultado.

El mapa político de México cambió. Morena se fundó apenas en 2014, pero en cuatro años se convirtió en el partido dominante. Nadie puede ya menospreciar la capacidad política de López Obrador. Cuando parecía que México estaba ineludiblemente dividido con gobiernos que tenían que negocian siempre con la oposición, López Obrador obtiene lo más cercano a un carro completo desde la desaparición del sistema de partido único.

¿Cómo gobernará Andrés Manuel? Ésa es la gran pregunta en este momento. Y la respuesta no es fácil. En su alianza conviven grupos y activistas de ideologías muy distintas. El López Obrador de hoy, por otra parte, es más moderado que el del pasado.

Durante años, López Obrador cuestionó todos los resultados electorales en los que no resultó ganador. En las elecciones de 2006 desconoció el resultado, mandó al diablo a las instituciones, tomó el paseo de la Reforma y se autoproclamó “presidente legítimo”. Tampoco reconoció el resultado en 2012 a pesar de que la ventaja de Enrique Peña Nieto era amplia. Dejó el PRD por los acuerdos que el partido tuvo con el PRI y el PAN en el Pacto por México de 2012 para impulsar las reformas estructurales.

Como presidente, López Obrador tendrá que respetar las instituciones y trabajar con ellas. Los inversionistas no se han asustado por López Obrador. El dólar cerró estable a 20.15 por dólar en ventanillas bancarias el viernes 29 de junio y ayer a las 9 de la noche se cotizaba a 19.66 en los mercados internacionales de mayoreo. Donald Trump tuvo más capacidad de atemorizar a los inversionistas que López Obrador.

Pero cuidado. La fama de populista del virtual ganador podría convertirse en un lastre si se empieza a percibir que sus medidas son demasiado radicales. Hoy más que nunca Andrés Manuel estará en un escaparate en el que cada decisión será juzgada con severidad.

 

Sin boletas

Una vez más las casillas especiales, las que permiten votar a ciudadanos en tránsito, se quedaron sin boletas. No es culpa del INE, sino de los legisladores que limitaron las boletas de estas casillas.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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