(*)Jesús Alberto Cano Vélez
(*)Jesús Alberto Cano Vélez

A finales de junio, la economía mexicana muestra importantes fortalezas que hablan bien de la capacidad de la economía a enfrentar choques externos, de un mercado laboral sólido, igual que finanzas públicas que ahora están menos dependientes de la explotación del crudo encontrado en el fondo del Golfo de México y en nuestro macizo continental.

Esa será la herencia de la actual administración al nuevo gobierno que en breve estará ejerciendo su autoridad.

Las reservas internacionales del Banco de México están en 17 mil 177 millones de dólares, y adicionalmente están apoyadas por la línea de crédito flexible de 87 mil 652 millones de dólares que tenemos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) desde hace muchos años y que no tuvimos necesidad de ejercer.

Por su parte, el tipo de cambio también refleja fortaleza, con una cotización de 19.72 pesos por dólar, que estuvo sujeto a poca variabilidad, no obstante, el lento proceso de la negociación con Estados Unidos y Canadá en los temas relacionados con el acuerdo de libre comercio entre los tres países de América del Norte.

Adicionalmente, el producto interno bruto (PIB real) crece a un ritmo saludable de 2.3 por ciento al finalizar el año, y la tasa de desempleo apunta a cerrar el año en 3.2 por ciento como proporción de la población económicamente activa (PEA).

Asimismo, la inflación viene bien, con un crecimiento de 4.5 por ciento en su índice nacional de crecimiento en los precios. Luego, también los ingresos tributarios como proporción del PIB, estuvieron entre el 8.5 y 8.8 por ciento, ahora cerrarán el año en 13.1 por ciento.

Además, el balance público, como proporción del PIB, que en años recientes subió ligeramente a niveles positivos, como signo de déficit, ahora cerrará el 2018 en -1.1 por ciento; y la deuda pública, que ahora figura buen manejo de las finanzas públicas, representará a finales de año, el 44.2 por ciento del PIB.

Esas cifras y signos nos hablan de una economía con solidez macroeconómica, previa a la elección.

Asimismo, contar con un régimen de tipo de cambio flexible permite a éste, absorber choques externos y evita que afecte a otras variables. La incertidumbre por la tardanza en concluir la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, causó efectos de segundo orden, que pronto serán superadas.

Por su parte, el avance del empleo formal en el sexenio es notable, por lo que se debe a la formalización de empleos, antes informales, y a la generación de otros. O sea, México está originando nuevos empleos, mejor pagados y, sobre todo, con seguridad social.

A solo tres días de la elección presidencial en México, el peso sorprendió a los mercados con una apreciación de 45.25 centavos frente al dólar, la mayor ganancia registrada desde marzo del 2017, al cotizarse en 19.72 pesos por dólar.

 

 

(*)Economista

@acanovelez


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