JUAN MANUEL RIVERA JUÁREZ Y ELVA CABRERA MURUATO*
JUAN MANUEL RIVERA JUÁREZ Y ELVA CABRERA MURUATO*

Una vez establecida la relación entre la electricidad y el magnetismo, Faraday, autodidacta en gran medida y dotado de una mente intuitiva, se planteó el problema de inventar modelos intuitivos de la electricidad y el magnetismo.

Es consiente de que los modelos analógicos tienen una utilidad limitada, pero comprende su utilidad, al menos, en los primeros contactos con un nuevo fenómeno. Por eso piensa que un modelo mecánico del magnetismo sería útil para acostumbrarse al comportamiento de los imanes, predecir lo que va a ocurrir en experimentos nuevos y, sobre todo, detectar las diferencias de comportamiento que llevan a nuevas leyes. Así lo expresa en una de sus publicaciones:

No es debido ni por un momento suponer que especulaciones de este tipo son inútiles, o necesariamente dañinas, en filosofía natural. En todo momento deberían ser sujetas a dudas dado que son propensas a tener errores y a cambiar; pero son maravillosas herramientas de ayuda en manos de un (físico) experimental y/o un matemático. Dado que no sólo son útiles al momento de concebir una idea vaga de manera clara por un momento; esto asignándole una forma definida de modo que pueda ser sometida a experimento y cálculo; pero, y por deducción y corrección, a partir de estas formas definidas, surge el descubrimiento de fenómenos nuevos, causando de este modo un incremento en nuestro conocimiento de la verdad física de la naturaleza, que, a diferencia de la hipótesis original, se convierte en conocimiento fundamental y trascendente sin estar sujeto a cambio(s).

Con este razonamiento presenta su modelo de líneas de fuerza, con el cual da un gran paso en la evolución conceptual y experimental del magnetismo, esto sin dejar de lado el papel de la experimentación.

Faraday se sumergió tan profundamente en los experimentos eléctricos y magnéticos, que llegó a visualizar el espacio alrededor de un imán como si estuviera lleno de líneas invisibles de energía. Para él, un imán no era simplemente una barra de hierro imantada (lo que uno podía ver), también era ese algo invisible en el espacio alrededor de la barra y a ese algo él lo llamo campo, un campo magnético.

A los 60 años, décadas después de los periodos fértiles de los físicos más notables, agobiado por la pérdida de la memoria y la melancolía, Faraday investigaba intrépidamente a mayor profundidad las fuerzas invisibles misteriosas.

La humanidad y, sobre todo, los niños jugaron durante siglos con limaduras e imanes, todo mundo siempre asumió que ese patrón hermoso (que formaban las limaduras sobre el papel) era algo simplemente creado por el hierro, Faraday sabía que la corriente eléctrica convierte un cable conductor en un imán, así que esperó encontrar patrones relacionados de las limaduras de hierro alrededor de un cable electrificado, pero en donde otros vieron simplemente formas hermosas él vio algo más profundo.

Uno de sus experimentos más sorprendentes fue la materialización de las líneas de fuerza por medio de limaduras de hierro. Siempre sorprendió ver cómo van colocándose en unos caminitos invisibles, pero que sin duda existen; ciertamente, las limaduras de hierro revelan la existencia de algo que realmente está allí, aunque oculto a nuestra vista.

Los patrones que formaban las limaduras no eran una peculiaridad de las limaduras de hierro, existían en el espacio alrededor del imán o de una corriente eléctrica, incluso en ausencia de las limaduras de hierro. Los patrones eran los rastros, las huellas de los campos de energía invisibles que emanaban hacia el espacio alrededor de cualquier cosa magnética.

La aguja de la brújula, que intrigó a las personas durante miles de años, no reaccionaba ante algún polo norte magnético lejano, detecta un campo de energía continuo que se extiende, se cree, hasta el infinito. La Tierra misma es un gigantesco imán y, como cualquier otro imán, sus líneas de fuerza se extienden por todo el espacio que la rodea, están en todos lados alrededor de nosotros; siempre estuvieron, pero nadie las notó antes.

Michael Faraday resolvió el misterio que desconcertó a Isaac Newton, así es como el Sol les indica a los planetas cómo moverse sin tocarlos, el Sol sí toca a los planetas con su campo gravitacional; de forma semejante, el campo gravitacional de la Tierra les indica a las manzanas cómo caer. (Continúa el próximo jueves…)

 

jmrivera@fisica.uaz.edu.mx

http://fisica.uaz.edu.mx/~jmrivera


Deja un comentario