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CIUDAD DE MÉXICO. El cerebro es el órgano que menos se procura en términos de estimulación, educación y nutrición en un país como México.

De acuerdo con especialistas, estas tres áreas de oportunidad son suficientes para potenciarlo.

La genética no es decisiva para el desarrollo de mentes brillantes, sostiene el neuropsiquiatra Perminder Sachdev, pues no existen diferencias significativas en cuanto a la estructura y funciones entre los cerebros de individuos que pertenecen a distintas poblaciones.

Sí hace la diferencia, en cambio, el medio ambiente en el que crecen y los estímulos que reciben. Resulta igual de importante entonces, dice Sachdev, leer libros que llevar una dieta equilibrada.

Sólo que en México, 72 por ciento de adultos y 33 por ciento de niños consume grasas saturadas de más, tienen sobrepeso u obesidad y, en cuanto a la lectura, apenas se leen dos libros al año, en promedio.

El problema es que la estimulación empieza tarde, lamenta Antonio Rizzoli, titular de la Unidad de Neurodesarrollo del Hospital Infantil de México.

La motivación, que debería empezar incluso desde el vientre materno, llega hasta que los niños ingresan a la primaria, para entonces ya perdieron seis valiosos años en su desarrollo cerebral.

Andrew Almazán, especializado en atender a niños sobredotados, lo pone en términos más simples: “(El cerebro) es como un músculo, se desarrolla o se atrofia”.

Pero confía en que aún hay tiempo para mejorar: “Si México no se pone a trabajar en este asunto, la diferencia será irremediable, pero todavía puede recuperarse”.


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