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MÉXICO .-Como temiendo su propia respuesta, el dramaturgo Juan Tovar probó el micrófono que le entregaron: “¿Probando? Bueno, ni hablar, sí se oye “, comprobó a su pesar.

Siempre discreto, renuente a asistir a los eventos sociales de la cultura, el escritor poblano debió dirigirse entonces al público congregado en el Palacio de Bellas Artes, en la Sala Manuel M. Ponce, para verlo recibir la Medalla Bellas Artes, la noche de este miércoles.

“¿Qué voy a decir ahora? Bueno, que he seguido haciendo teatro aunque no haya estrenado en varios años”, declaró.

Fue precisamente esa constancia sin aspavientos la que fue celebrada durante la entrega del galardón considerado el más importante que otorga el INBA a un artista.

Cercano a la generación de la Onda, junto con escritores como José Agustín y Parménides García Saldaña, Tovar (Puebla, 1941) inició su trayectoria como novelista y cuentista, pero, a diferencia de sus contemporáneos, se decantó después por el teatro.

“En el teatro de Juan Tovar encontramos los dramas que abordan la historia nacional, tanto remota como reciente”, definió el dramaturgo Flavio González Mello, quien se declaró alumno del galardonado.

Leyendo del prólogo que escribió para el primer tomo lanzado por el Fondo de Cultura Económica del Teatro reunido de Tovar -el segundo está en proceso-, González Mello recordó que la obra del dramaturgo está dividida por él mismo en tres ciclos.

El primero, La patria desterrada, se ocupa de los años entre la conquista y la fundación del PRI; la trilogía El dictador intermitente tiene como protagonista a Antonio López de Santa Anna, y las Crónicas de Huaxilán cuentan las desavenencias de un país gemelo a México.

“Un esfuerzo tal difícilmente tiene parangón en la dramaturgia mexicana, quizás sólo en la pintura”, elogió González Mello, al referirse al espacio de tiempo abarcado por Tovar.

Destacó también la disposición del dramaturgo como profesor y como figura tutelar de nuevos escritores, sobre todo por su crítica honesta y áspera.

La directora del INBA, Lidia Camacho, reconoció esto mismo antes de entregarle la medalla.

“La comunidad artística aprecia en ti al profesional minucioso, mesurado y honesto, pero, sobre todo, también por tu enorme respeto al trabajo de los otros”, le dijo.

González Mello aprovechó la ocasión para pedir al INBA sumarse a la campaña de instituciones como la UNAM para postular a Tovar para el Premio Nacional de Arte.

A Tovar, siempre discreto, no le quedó más que hablar, así que reveló aspectos de la trama de la obra que escribe, una que amplía el ya abarcador arco histórico de sus textos hasta el 2018.


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