(*)JESÚS ALBERTO CANO VÉLEZ
(*)JESÚS ALBERTO CANO VÉLEZ

A pesar de las constantes declaraciones de los negociadores formales a cargo, sobre inminentes avances en el TLCAN, desde el pasado mes de mayo no se ha concretado ningún avance relevante en los temas contenciosos de la negociación

 

La renegociación del TLCAN en los tiempos de la transición

 

 

(*)JESÚS ALBERTO CANO VÉLEZ

Mucho se ha escrito y dicho en los meses pasados sobre los avances de México en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), proceso impulsado por el presidente Donald Trump desde el inicio de su gobierno, por considerarlo perjudicial para la economía y la clase trabajadora de su país.

Siendo la región del TLCAN, la zona de cooperación económica potencialmente más importante a nivel mundial, que, sin embargo, no llegó a funcionar con la fuerza debida y esperada, dado que su marco legal ofertaba ventajas a las partes más poderosas del Tratado (Estados Unidos y Canadá), no así para México, su puesta en marcha impulsó, a lo largo de las más de dos décadas, el crecimiento de nuestras exportaciones e importaciones de forma dinámica, logrando beneficiar a amplios sectores económicos de nuestro país.

Cabe destacar que desde su inicio en 2017, el proceso de renegociación del TLCAN ha significado para México, una etapa compleja y extremadamente difícil de lograr avances, ya que a pesar del probado profesionalismo de los negociadores de los tres países, todos experimentados especialistas en la parte técnica, la permanente cerrazón del ejecutivo estadunidense a la permanencia en el Tratado de proyectos conjuntos de beneficios recíprocos para las partes, ha constituido un férreo obstáculo en todas las fases del proceso negociador.

Otro aspecto a destacar en este complejo e incierto tema, ha sido el interés del gobierno de Trump, de lograr un acuerdo “a modo” del TLCAN, que pudiera firmarse antes de concluir la actual legislatura estadunidense en diciembre próximo, puesto que a partir de enero del 2019 se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado (35 escaños), es decir, ante la incertidumbre de la Casa Blanca de mantener las mayorías republicanas en el Congreso después de la elección de noviembre.

En lo que respecta a México, el rotundo triunfo en las elecciones del pasado primero de julio, de Andrés Manuel López Obrador y su partido MORENA, constituye un factor nodal en el proceso negociador, que no puede soslayarse. Y surgen los posibles escenarios.

Si bien el presidente electo ha designado a sus representantes ante el proceso negociador del TLCAN, existen muchas aristas que escapan a la plena comprensión de los recién llegados, además de que como aún no son gobierno en funciones, su papel de observadores en las negociaciones no tiene el impacto debido.

A pesar de las constantes declaraciones de los negociadores formales a cargo, sobre inminentes avances en el TLCAN, desde el pasado mes de mayo no se ha concretado ningún avance relevante en los temas contenciosos de la negociación -específicamente el de las reglas de origen para el sector automotriz, que se ha convertido en el obstáculo principal y condición sine qua non para conseguir un acuerdo. Esto complica los escenarios de futuro inmediato del TLCAN, obligando a analizar posibles alternativas en caso de que las partes no logren pactar el contenido del instrumento.

Al no haberse concretado el pasado mes de mayo, un “Acuerdo en principio”, la ventana de oportunidad política para que el acuerdo lograra transitar por el Congreso estadounidense antes de concluir el 2018 se cerró inexorablemente. Esto abrió un espacio de mayor incertidumbre en el que se vislumbran nuevas situaciones de negativo impacto.

El vencimiento de las exenciones a México y Canadá de los aranceles a las importaciones estadounidenses de acero y aluminio el pasado 1 de junio; la prórroga de la TPA a partir del 1 de julio; el desarrollo de la campaña, en aquel país, hacia las elecciones legislativas del 6 de noviembre, y el equilibrio de fuerzas en el Congreso estadunidense que de éstas resulte. Si este fuera el caso, es probable que las dificultades que la Casa Blanca enfrentaría en las cámaras sean aún mayores.

Otro escenario, que significaría ventaja y mayor fluidez a la parte mexicana, es que la renegociación del TLCAN entre en una pausa de facto para reanudarse una vez concluida la temporada electoral estadounidense, y ocurrida la asunción del nuevo gobierno y legislativo de México. Lo cierto es que cada uno de los factores enumerados añadirá considerable volatilidad al futuro del instrumento durante los próximos meses.

El porvenir inmediato del TLCAN se avizora complicado, aunque dicha evaluación no debe llevarnos a olvidar que, contra muchos pronósticos, sigue en pie después de doce meses de negociaciones, así como las tres partes se mantienen en la mesa.

 

 

(*)Economista

@acanovelez


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