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México  .-Décadas después de la Guerra Fría, los estadounidenses empiezan a perder el miedo a la palabra socialismo.

Tras movilizaciones como la de Occupy WallStreet en 2011, o la campaña presidencial de Bernie Sanders en 2016, encuestas de Gallup y Pew Research Center muestran que la mayoría de los jóvenes (55 y 43 por ciento, respectivamente) tienen una opinión positiva sobre el socialismo.

“Tiene que ver con la experiencia de los jóvenes que crecieron en una economía y una sociedad que está definida por la profunda crisis del capitalismo”, señaló a REFORMA Kshama Sawant, quien ganó en 2013 un lugar en el Consejo local de Seattle, Washington por el partido Alternativa Socialista.

Desigualdad económica, bajos salarios, deudas estudiantiles y el creciente papel de la influencia financiera en la política son los males que, asegura, han llevado a muchos jóvenes a buscar una alternativa en la izquierda.

“La gente de todos los continentes ha perdido la fe y está buscando algo diferente, y ese fenómeno está pasando incluso en Estados Unidos, el bastión del capitalismo global”, agrega.

Y ese cambio se está reflejando en las urnas. De cara a las elecciones legislativas de noviembre, al menos cinco candidatas que han hecho campaña como parte de los Demócratas Socialistas de Estados Unidos (DSA, en inglés) han ganado comicios primarios; en algunos casos, como el de Alexandria Ocasio-Cortez en Nueva York, venciendo a legisladores con décadas de carrera.

La asociación política pasó de tener 7 mil miembros antes de la elección presidencial de 2016, a más de 37 mil en la actualidad.

Sus principales propuestas son expandir el sistema gubernamental de salud conocido como MediCare y abogar por leyes laborales que protejan a los empleados.

El crecimiento, señala un miembro de la DSA que pidió se omitiera su nombre, se debe a un interés mayor de la gente por el activismo político guiado hacia la igualdad, aunque su definición sobre socialismo varíe.

“Hay desde gente que se considera a sí misma del Partido Demócrata y quiere moverlo más hacia causas progresistas, hasta gente que busca un cambio constitucional y democrático radical”, comentó el miembro de la organización política.

El movimiento ha recibido críticas de conservadores, quienes consideran que los jóvenes desconocen la historia del socialismo en otros países.

Y las críticas también vienen de la propia izquierda.

Frances Fox Piven, activista desde los años 60 y profesora de posgrado en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), opina que el movimiento necesita ir más allá de usar la etiqueta socialista.

“No creo que una palabra, que un nombre, signifique un programa político o la movilización de fuerzas sociales. Decir la palabra no significa tener el poder social que necesitamos para cambiar Estados Unidos”, apunta.

Pese a ello, Piven nota una energía que, señala, podría movilizar a la izquierda a solucionar temas que han sido abandonados.


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