Dr. Fco. J. Araújo Maldonado
Dr. Fco. J. Araújo Maldonado

Eutanasia

Por eutanasia debemos entender la acción u omisión que tiene como objeto dar muerte a una persona que se encuentra sufriendo una enfermedad terminal e irreversible, quien ha dado su consentimiento con el fin de eliminar todo sufrimiento y dolor grave.

Para todo ser humano, la vida es la fuente de la que emanan todos los derechos. La libertad (y el resto de los derechos) no puede subsistir sin el respeto a la vida. Todo ser humano, desde el inicio de su existencia y hasta su muerte, posee el derecho irrenunciable a la vida; la vida es el soporte palpable, material, necesario para gozar de los derechos. La vida es el valor básico del que se desprenden los demás; sin ello no hay existencia, y sin esta última no se pueden adquirir derechos. La vida es la condición necesaria para el desarrollo de todo plan y elección individual; sin ella nada es posible. Es indudable para la vida tiene un carácter superior, que está encima de todos los derechos. La vida es valor en sí mismo. La vida es un fin en sí, no un medio para alcanzar un fin. La vida es un bien valioso que debe ser jurídicamente tutelado.

El valor de la vida no puede convertirse en circunstancial o ceder ante razones de tipo personal. La vida no depende del placer, dolor o sufrimiento del agente o sus allegados.

Esta es una concepción absoluta del valor de la vida; de ella se deducen conclusiones sobre el aborto, la pena de muerte, en especial, la eutanasia. En estos casos, del derecho a la vida no debe presentarse como un valor relativo que cede frente a otros derechos (como el de la libertad, por ejemplo).

Si bien es posible que se trate de una enfermedad irreversible, puede darse el caso de encontrar una cura o paliativo para ésta; solo basta con mirar hacia atrás y observar como el desarrollo de la ciencia permite avances que antes eran impensables.

Con respecto al “sufrimiento grave”, este es subjetivo; no puede constituir un parámetro para determinar cuándo nos encontramos en un caso de eutanasia o en uno de suicidio. Las circunstancias “de vida” o personales no pueden estar por encima de la vida misma; lo que para alguien puede ser una vida difícil de sobrellevar, para otro sujeto puede ser un ejemplo de perseverancia y entereza. El argumento basado en el sufrimiento es erróneo, pues consiste en sostener que dejar la vida puede ser una opción frente al sufrimiento, e implica afirmar que el placer es lo valioso y la vida, el medio para alcanzarlo; cuando el placer deja de ser una posibilidad, entonces la vida pierde sentido.

El costo económico que puede ocasionar al patrimonio de la familia resulta, entonces, que una vida económicamente costosa debe ser sacrificada y, por ende, que el valor de la vida es inversamente proporcional al costo de su propia manutención.

Dependiendo de que consideremos que se ubica en un nivel superior, la vida o la libertad, estaremos a favor o en contra de la eutanasia.

La vida humana está por encima de todo, es un valor supremo. Toda vida humana debe ser respetada, incluso en contra de la libertad de su propio titular; no es posible elegir morir.

A pesar de esta expansión en el reconocimiento jurídico de los derechos humanos, no se ha logrado firmar conciencia acerca del valor moral de estos derechos. La forma más brutal de desconocimiento de los derechos humano ha sido llevada a cabo por el aparato que detenta el monopolio de la coacción, esto es, el Estado. Los derechos humanos básicos son los límites al Estado, son propios e inherentes a la naturaleza humana.

 


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