FRANCISCO LEANDRO*
FRANCISCO LEANDRO*

“Estamos tristes de que Aretha se haya ido; estamos felices de que se haya liberado de las cadenas del tiempo”, dijo el pastor Robert Smith Jr. en la despedida más emotiva, llevada a cabo en el templo que fundó su padre, el New Bethel

 

En una época en la que casi cualquier calificativo es considerado ofensa y se exige hablar con términos casi científicos y poco coloquiales, llamarle negro a una persona con color de piel más oscuro al propio es casi motivo de hoguera.

Creo que a estas alturas hay tantos ejemplos de “personas que no son blancas, ni amarillas, ni pálidas” que han logrado unir culturas, ideologías y mentes, que sería un orgullo ser llamado: Negro.

Conozco una persona que un día, en medio de un solo de armónica de James Cotton, y al calor de unos ‘bourbones’ en las rocas dijo: “Méndigos negros, son buenísimos para entretener, son cabronsísimos para la música y el deporte”. De alguna manera tiene razón, y es la aspiración de millones de personas.

La diferencia es cómo lo sientas. Ellos, los negros, lloran el blues y el soul; cantos de tristeza, dolor y rebeldía a la espera de un Dios o un amor, en medio del moonlight, tal vez bebiendo un Moonshine.

Acá, nosotros los blancos nos encueramos, las primeras tres tonadas ya nos invitaron a voltear a la pista de baile, buscando a la muchacha o muchacho que siguen en “la variedad”, o imaginamos a nuestra gentil amada un día de cumpleaños con bonita y diminuta ropa.

Cuando suena el góspel volteamos a la televisión esperando ver alguna escena graciosa de algún enajenado bailando y zapateando, con túnicas moradas aplaudiendo, con el copete despeinado y empapado en sudor como James Brown.

Una de las figuras importantes, quien siempre llevó la cultura afroamericana por varios países, fue Aretha Franklin, quien también vivió la condena de no solamente ser llamada “negra”, sino ser perseguida por ello, por ser evangelista y por usar la música en favor de la desaparición del racismo en un Estados Unidos violento.

A pesar de que ayudó a pobres y fue una ‘ciudadana ejemplar’, como dijeron las celebridades el día de su muerte. No pudo tener el nuevo renacer del que hablan los evangelistas, y tuvo una vida tortuosa, llena de violencia y mucha tristeza, la necesaria para hacer vibrar a miles de corazones ávidos de ser sacudidos.

Hace algunos días falleció y el mundo se estremeció. La música negra trascendió, la idea de ser libres, en espera de algo que quizá nunca llegue.

Se fue una “negra”, de esas que cantan, de las que aplauden y cantan, de las que hacen feliz aunque su corazón esté azul, aunque esté rogándole por algo a algún dios.

*Periodista. El Diario NTR

 


Los comentarios están cerrados.