CARLOS HINOJOSA*
CARLOS HINOJOSA*

Cualquier lector serio de Haruki Murakami –incluso el casual– se percatará del hecho que, aparte de las obras que lo han convertido en uno de los novelistas más apreciados de nuestros días, el autor posee dos pasiones: correr y el jazz. En su autobiografía De qué hablo cuando hablo de correr (2011), Murakami narra la historia de cómo se tornó en un corredor, lo cual él considera inextricablemente unido con la forma en que llegó a ser escritor.

Ambas transformaciones personales ocurrieron cuando alcanzó su tercera década de vida, después de vender su bar-jazz en Tokio, Peter Cat, que operó durante la mayor parte de los años 70 del siglo pasado. A pesar de lo anterior, Murakami difícilmente dejó atrás su amor por la música, algo que se tradujo en el mantenimiento de una pantagruélica biblioteca musical que supera los 10 mil títulos, al tiempo que desliza referencias al jazz dentro de su narrativa de ficción, por ejemplo, en Kafka en la orilla (2006).

 

Regreso a la cabaña y saco de la mochila la brújula. Levanto la tapa y compruebo que la aguja señala el norte. Me meto la brújula en el bolsillo. Quizá me sea de utilidad en un momento u otro. Luego me siento en el porche, contemplo el bosque, escucho música con el discman. Escucho a Cream, escucho a Duke Ellington. Estas antiguas melodías las grabé en la sección de música de la biblioteca. Escucho una y otra vez Crossroads. La música calma un poco mis nervios. Pero no podré estar mucho tiempo escuchando música. Aquí no hay electricidad y no puedo cargar las pilas. Cuando se me agote, ¡se acabó!1

 

«Tuve mi primer encuentro con el jazz en 1964, cuando tenía 15 años. Art Blakey and the Jazz Messengers se presentaron en Kobe, en enero de dicho año y obtuve un boleto para su concierto como regalo de cumpleaños. Ésa fue la primera vez que realmente escuchaba jazz y me dejó boquiabierto, completamente atónito», escribió Murakami en un artículo del New York Times.2 Aunque el autor se considera sin ninguna habilidad musical, con frecuencia sentía que, en su mente, «algo como mi propia música estaba remolineando en un fuerte y variado oleaje. Me pregunté si sería posible transferir esa música hacia la escritura. Así fue como empezó mi estilo».

Murakami descubrió que la escritura y el jazz eran actividades similares debido a que ambas necesitaban «un ritmo constante, natural y bueno», una melodía «en la cual, respecto a la literatura, se implicaba el arreglo apropiado de las palabras para que coincidieran con el ritmo», una armonía «que fueran los sonidos mentales internos que sostuvieran a las palabras», así como una libre improvisación en donde «a través de un canal especial, la historia saliera a relucir libremente desde adentro. Todo lo que tengo que hacer es entrar en la corriente».

Con el bar Peter Cat cerrado desde tiempo atrás, los fans no tenían forma de acceder a la corriente de las selecciones personales de jazz de Murakami, hasta que, a mediados de la actual década, varios admiradores de la obra del autor nipón estuvieron compartiendo una serie de playlists3 de los temas mencionados en los ensayos Portrait in Jazz (1997) y Portrait in Jazz 2 (2001) –libros que aún no han sido traducidos al inglés ni al español–, donde podemos encontrar a Chet Baker, Charlie Parker, Stan Getz, Bill Evans y Miles Davis. Por cierto, en Tokio todavía se encuentra el café Rokujigen, donde los lectores de Murakami se congregan a leer sus libros mientras escuchan la música que, en palabras del escritor japonés, le enseñó todo lo que había que saber sobre el arte de la escritura.

Por otra parte, aprovechando la misma línea del metro que lleva al citado establecimiento, también se puede visitar el lugar donde se encontraba el bar-jazz Peter Cat, de acuerdo con Héctor García, autor de A Geek in Japan,4 quien se lanzó en busca del simbólico espacio tras leer los recuerdos de Murakami en De qué hablo cuando hablo de correr. Y, a propósito, la gran eminencia de las letras japonesas suele escuchar a la banda de rock neoyorquina The Lovin’ Spoonful mientras corre, tal vez dejando el jazz guardado en casa para ese proverbial enfrentamiento con la hoja en blanco.

 

*Profesor

1 Haruki Murakami, Kafka en la orilla, Tusquets, Barcelona, 2006, p. 163.

2 https://www.nytimes.com/2007/07/08/books/review/Murakami-t.html?_r=1&

3 https://www.youtube.com/playlist?list=PLhZsEks2qBMoy7gD0PZQSGguiYcuEFDCs

4 http://www.ageekinjapan.com/haruki-murakami-jazz-club/

 


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