ALFONSO CARLOS DEL REAL LÓPEZ*
ALFONSO CARLOS DEL REAL LÓPEZ*

Cierto, no tengo la menor idea de si el PRI se va a mantener, va a desaparecer o se va a convertir en una opción política caduca: Lo que sí sé es que el sistema político mexicano ofrece oportunidades para que las organizaciones políticas se reinventen. Creo que todos los partidos, incluido obviamente el PRI, tendrán que enfrentar los retos con muchísima claridad. Por eso entiendo que no debemos pensar en un partido simplemente como un ente burocrático, caduco y costoso que “tenemos que atender”, sino en algo que se tiene que empujar.

Debemos entender al partido como un espacio de confluencia de diferentes expresiones sociales que buscan un fin político; es decir, es importante verlo también como un filtro forzado de aspiraciones políticas de muchísimxs zacatecanxs que buscan un cargo de elección popular y detentar poder. Así de simple.

Teniendo en mente eso, es imperioso retomar la idea de un partido “de masas”, pero no en cuanto a un espacio que facilita movilizar gente para marchas o mítines, o actos políticos, sino como un ente donde se encuentren canales de comunicación, presión, orden y entendimiento entre los gobiernos y los grupos sociales y las legítimas demandas que emanan de la sociedad.

El PRI es mucho más que una fórmula para su dirección. No más allá de una figura de presidencia y de secretaría general en todos sus niveles. El PRI es también, por ejemplo, un Comité Directivo Estatal que se comunica con cincuenta y ocho comités y los respectivos consejos municipales, en el caso de Zacatecas.

Además, el PRI es la justificación política de una estructura que busca incidir constantemente en las decisiones de política pública, a veces a favor, a veces en contra. Al seno del partido hay órganos cuya esencia es la representación plural, lo que implica espacios de discusión y diálogo propositivo, no recriminatorio.

Necesitamos que el PRI entienda que se alejó del clamor popular y perdió ante las cúpulas por llevar el institucionalismo a entendimientos de complicidad o contubernio. Por eso es preciso recuperar la sabiduría de saber escuchar a la gente, pero sin caer en los excesos del populismo.

También resulta ineludible entender que, a pesar de que persisten muchísimos problemas que flagelan a la sociedad, desde las comunidades más alejadas hasta las pobladas zonas metropolitanas, los métodos y mecanismos para atender las demandas sociales han cambiado y no podemos ni debemos escapar a la obligatoriedad de ver las cosas de manera multidisciplinaria e integral. Eso se llama profesionalización de un partido. Las cosas ya no se solucionan con una orden. Las cosas se solucionan con diálogo, argumentos y preparación para la ejecución.

Creo que también debemos entender muy bien el contexto en el que estamos, en lo político, en lo que resultó de lo electoral y en lo administrativo-público. Si no sabemos cómo estamos, saber a dónde vamos y cómo se puede lograr se vuelve una cruz difícil de cargar, porque no solamente es imperativo tener claridad de los objetivos, sino de los elementos que se tienen para lograrlo. Mucha tarea. La primera base de un próximo proyecto político de beneficio común tiene que pasar por un buen partido político.

Además, es preciso también entender la confusa realidad local en los niveles estatales y municipales. No es lo mismo el priísmo de Yucatán que el de Baja California, o el de Nuevo León que el de Chiapas. Ni el de Zacatecas y Coahuila, tampoco el de Ciudad de México y el de Oaxaca. Más: no es lo mismo el priísmo de Saltillo que el de Torreón, el de Fresnillo que el de Zacatecas, el de Pachuca que el de Tula, el de Montemorelos que el de Monterrey.

Porque cada lugar tiene su historia partidista, sus personajes, su evolución y una serie de circunstancias que lo hacen único y en algún momento debemos poner punto final a la incidencia negativa de personajes nuevos o de antaño que buscan perpetuarse como “influencias” y las nuevas generaciones, con las mismas ganas que la evolución impone, pero con los mismos vicios de siempre.

En síntesis, el PRI necesita entender que es preciso regresar a una visión de masas, de mayorías. No a la suerte de “lo que el pueblo diga”, sin mecanismos clave de toma de decisiones, pero sí a la idea de “forzosamente” “escuchar a la gente” porque, de lo contrario, el PRI será un masacote burocrático partidista que no hará más que abonar a la idea de que los partidos son inútiles.

*Politólogo

 


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