ALFONSO CARLOS DEL REAL LÓPEZ
ALFONSO CARLOS DEL REAL LÓPEZ

Segundo Informe de Tello Otra visión godín

No supe que tenía que asistir al Segundo Informe de Gobierno del gobernador Alejandro Cristerna, hasta pocos días antes, cuando dijeron en mi oficina que me habían hablado para confirmar mi asistencia -previo envío de una invitación muy elemental, sencilla, discreta y ordinaria, que no tenía pase ni mayor instrucción- y a que, una vez que platiqué con la lic. Fabiola Torres, secretaria General de Gobierno, supe cuál era el rol que íbamos a tener ese día.

Total, algo me decía que, quizás por el cambio del formato del informe (sólo acudiría el Ejecutivo al congreso y después habría eventos regionales) no iba a ser propiamente requerido con la idea de que, quizás, debía haber más “invitados especiales”.

Cité a parte de mi equipo de trabajo en los alrededores del Congreso del Estado a eso de las 9:00 am, una hora antes de la cita pactada oficialmente; tenía el reporte de que un grupo de ex braceros se manifestaría y, la neta, me sentía bien tranquilo porque, francamente, el tema de su protesta no tenía nada que ver con alguna falla estatal.

Yo, muy responsablemente, me dormí temprano el viernes. Quise estar bien descansadito porque, modestia aparte, ya me la sé, y esos eventos suelen ser una buena friega porque a pesar de que uno ande todo chido, relax, nunca falta el estresado o atarantada –intercambie géneros en la expresión sin misericordia, estimado lector- que busca trasmitir su desesperación para arreglar algo por falta de conocimiento, capacidad de organización, estupidez y demás. Total, son ratos de lidiar con mucha necedad y muchos egos.

Desayuné tempranísimo en Sanborns. Unos huevitos con jamón con sus respectivos frijolitos refritos, café, jugo y pan. Ya saben, con el afán de que a uno no le agarre el hambre a mitad del evento y cruja la tripa. Coincidí con uno de mis colaboradores, conversamos algunas cosas y nos enfilamos al congreso.

Me topé con un delegado federal en el trayecto, conversamos un par de temas y, llegando a la explanada, nos separamos. Y empezó la fiesta. Hacían su aparición los ex braceros con una manta y yo seguía chido porque me había tocado atenderlos en varias ocasiones. Le pedí a mi equipo de trabajo que se acercaran para ver la situación y confirmamos lo que pensábamos: no tenían razón alguna propiamente contra el gobierno del estado. Sólo querían ser escuchados y su tema era más que legítimo.

Cuando la secretaria Fabiola llegó, de inmediato me localizaron para que le diera el reporte: “no tenemos pendientes con los ex braceros secretaria; hemos trabajado bien los apoyos del Fondo Solidario. Se les ha atendido, siempre los recibimos. Si acaso puede ser que algunos expedientes tengan falla, pero siempre son porque les falta algún documento. Ahorita seguimos entregando conforme a lo comprometido –participan la Secretaría de Finanzas y la Secretaría del Zacatecano Migrante- pero José Juan [Estrada, titular de Sezami] trae muy bien el tema; lo otro que piden no es competencia nuestra, pero los vamos a canalizar próximamente”.

“¿Qué más piden?”, me preguntó la licenciada Fabiola. “Que el gobierno federal reabra el fondo de apoyo a ex braceros y ser recibidos por los diputados federales”. “Y ¿Cómo vamos en eso?” “Nos comprometimos a que en la segunda quincena de septiembre los buscaríamos acercar a los legisladores federales y a mandar la gestión del tema a la delegación de Gobernación, aunque ellos ya están muy bien enterados y también los han atendido”. “¿No tenemos ningún pendiente?” “No, secretaria, todo es federal. El gobierno del estado les ha cumplido con los apoyos. De hecho, el único recurso que reciben es del fondo estatal”. “Ok”, cerró la conversación.

Cuando el gobernador Tello arribó al Congreso y escuchó el leve griterío de los ex braceros, se acercó tranquilamente. Los escuchó y atendió al vapor de la circunstancia. Y ahí iba yo, pegadito. “No vaya siendo que salte la liebre”, pensé. No se enajenó de la presencia de los ex braceros, como creo que hubieran hecho otros. Caray, el gobernador tiene esa cosa que no sé cómo definirla pero se refleja en el rostro cuando se acerca a la gente: la tranquilidad de la transparencia.

Durante el evento, estuve al pendiente de mi celular. Mensajes aquí, mensajes allá. Cuando descansaba mis manos por causa del teléfono, escuchaba con mucha atención. Me gustó el discurso. Los mensajes políticos fueron claros, todo en un gran ánimo institucional de una persona como se definió él mismo: de Estado.

Hubo quien me felicitó por el discurso. “Yo no participé para nada”, aseguré. “Estuvo re bueno, no te hagas”. Y yo sólo sonreía. “Me cae que no escribí una palabra”. “Pero tú eras el secretario técnico y en tu área se hacían los discursos”. “Era, ahora en la Subsecretaría no escribo nada”. “Pues estuvo muy bueno el discurso, sobre todo lo político”. “Yo creo que toda esa parte la escribió el Gobernador solito”, afirmé.

Nos leemos el próximo lunes. ¡Babai!

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