David H. López
David H. López

Es un principio de comunicación en tiempos de redes. Con ello se alerta a figuras públicas, empresas, marcas, gobiernos y organizaciones sobre ser asertivos, cuidar los impulsos y pensar estratégicamente a la hora de publicar.

Sucede para todos. Una red social es algo peligroso para la reputación. “Quítenme el celular cuando esté borracho, no vaya a cometer suicidio social”. Porque, toda proporción guardada, un teléfono con acceso a redes es tan peligroso para la reputación de la persona, como una pistola para la vida misma. Con la pistola el impulsivo atenta contra su vida (o la de otros); con el teléfono, asesina su reputación.

Desde proyecciones inofensivas (pero reveladoras), “Voy con la vida hacia adelante, nunca te necesité”, “Sin ti se me terminaba el mundo, pero me sabré levantar para demostrarme que hay vida después de tu adiós” y otras frases trilladas de desamor, hasta impulsos exhibicionistas, “Ve lo que dejaste ir”… dice el texto y una selfie a desnudo parcial o total de la persona abandonada. Pocos minutos u horas después, vía Whatsapp circula el pack, paquete de fotografías y videos salaces, un voyerismo que lamentablemente hoy invade teléfonos móviles. Que necesidad.

Hay quien lleva a niveles provocativos la expresión en sus redes. El ejemplo mundial es Donald Trump; campeón de la incorrección política, barbaján supino, pero así lo quiere su gente, su voto duro. El lo sabe y, maestro de la perversión, para ellos publica.

Pero a menos que seamos este presidente de los Estados Unidos, no conviene ser impulsivos, beligerantes o exhibicionistas si queremos una buena reputación en redes. Tampoco nos conviene platicar todos los desencantos y desamores. Como el “no maneje cansado” en la carretera, obedezcamos el “no publique despechado” en las redes; “si toma aléjese del volante” al “si toma deprimido aléjese del celular”. Si busca una catársis, invite un café a su mejor amistad.

Una historia pasa por nuestra mente y de eso se alimenta nuestro muro en Facebook o nuestra línea de tiempo en Twitter y otras redes. Los especialistas lo llaman narrativa, que es la suma de historias, la gran historia. Nuestra narrativa individual puede ser política (pro AMLO o anti AMLO), religiosa (pensamientos y fotografías de la Biblia o el Papa), ambientalista (pro animal o anti popotes), con activismos específicos (concientización por la enfermedad de Lyme, anti aborto o pro elección) o con respiraderos lúdicos (meros chistes o videos chuscos)… para todo esto ya hay un raudal de expresión o numerosos sitios, fábricas de memes, que nos ayudan a decir con imágenes lo que no se haya dicho antes.

 

Hay oportunidad para personas y grupos. La historia, lejos de ser defensiva, se vuelve estratégica. Las empresas, organizaciones y no pocos individuos (artistas, conferencistas, gurús), ahora pagan fuertes sumas por narrativas conectadas con sus propias metas, para crear historias de éxito, vidas cambiadas gracias a su producto, servicio o filosofía. Con ello “buscan ser” hasta que a vuelta de contenidos convincentes “logran ser”.

Las redes, ese foro indómito donde circulan ideas, se ridiculiza a famosos y desconocidos, se multiplica la indignación social, se mueve a la acción incubando movimientos que inclusive trascienden fronteras, es una arena de expresión a la que debemos acceder más allá del cuidado por nuestro prestigio, con reflexión ética, y aportar expresiones que sin traicionar nuestra autenticidad contribuyan a mejorar el “ciber entorno” que se convierte en nuestro real entorno. Hemos visto hasta el cansancio que sus alcances pueden ser delirantes o trágicos para individuos, comunidades, países, regiones y el mundo.

Así, lo que publiquemos sea provechoso porque en esta dinámica es lo que somos.

 

dhlopezg@gmail.com


Nuestros lectores comentan

  1. Interesante punto de vista y sobre todo muy actual. Ojalá las nuevas generaciones entendieran lo vulnerable e importante que es la reputación; aunque, pensándolo bien, no estaría de más que los adultos también hiciéramos el “análisis de consciencia” correspondiente. Mejor planteado, imposible, abogado.

  2. Muy de acuerdo David. Me recuerda a tu tocayo escocés, David Hume cuando dice ““… y una equivocación es necesariamente progenitora de otra,…” Sucede recurrentemente en las redes cuando obviamos calificar o cuestionar una pseudo noticia que nos provoca algún descontento o agravio en la mayor de las veces. Me parece bien que el comentario nos advierta que seamos no solo mas cuidadosos con lo que escribimos, posteamos o compartimos, sino como bien apuntas, no nos traicionen nuestras entrañas por encima del uso de la razón.
    Saludos,
    Alberto Treviño