Enrique Laviada
Enrique Laviada

En una nota que (aparentemente) resultó desapercibida, las víctimas de la violencia en Zacatecas alzaron su voz para exigir la atención que (obvio) merecen de parte de las autoridades.

No fue nada fácil.

Se sabe de cierto que, en el ámbito gubernamental, se padece una especie de sordera crónica o una determinada dificultad ante tales reclamos: nadie atiende, nadie sabe, nadie se atreve a decir algo, nadie se hace responsable, nadie.

Los familiares de las víctimas de la violencia, las organizaciones civiles, activistas y demás interesados directos exigieron, pues, una atención eficaz y reclamaron (por vida de Dios) que se evitara la burocratización y la improvisación en los temas relacionados con la violencia que aqueja a las comunidades.

Nada fácil.

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Acto seguido el subsecretario (todavía) de derechos Humanos, dependiente de la secretaría de Gobernación, un tal Rafael Avante Juárez, puso manos a la obra y aseveró que ya existen resultados positivos en el acercamiento de los familiares de las víctimas de la violencia y las autoridades gubernamentales.

Luego de las reuniones del fin de semana pasado en Zacatecas, el funcionario mencionado se sintió complacido de que se registraran avances en la conformación de comisiones y figuras legalmente constituidas para la búsqueda de personas desaparecidas, todo lo que celebró el funcionario federal, resaltando la excelente coordinación entre los distintos niveles de gobierno.

Es una lástima, dijeron los asistentes, pues este dilecto funcionario ya se va y es perfectamente previsible que, sus dichos, queden sólo en buenas intenciones y digna despedida, es decir, un adiós, bueno gracias, y nada más.

Se notó, entonces, en calidad de ingrato desaire la ausencia de Alejandro Encinas, quien será el encargarse (se supone) de la defensa de los derechos humanos de las de víctimas de la violencia, para el caso, en nuestro terruño.

Nafa fácil.

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Dadas las circunstancias, ni tarda ni perezosa, la titular de la Comisión Estatal de los Derechos humanos en Zacatecas, María de la Luz Domínguez (antes Lucita) declaró, sin cortapisas, que estaba del lado de los reclamantes y coincidía en cuestionar la falta de atención de las autoridades.

No fue nada fácil.

Las críticas planteadas por las organizaciones independientes, sus denuncias, sus exigencias, su inconformidad y su malestar volvieron a colocarse en “un terreno minado”, así lo expresaron, y pusieron “el dedo en la llaga” de la complicidad de los cuerpos policiacos y de algunas autoridades gubernamentales con las bandas criminales.

No fue fácil.

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Ahora sólo falta saber cuál es la postura del gobernador Alejandro Tello, más allá de sus condolencias y de su inevitable tristeza y de su comprensible preocupación y de su pesar por lo que sucede a diario en nuestras comunidades.

La ausencia de una política integral de combate a la delincuencia, las improvisaciones, los planes sobre las rodillas y la demagogia parecen estar destinados al fracaso, un fracaso que nadie sabe hasta ahora quien habrá de cargar o por el cual habrá que pagar política y electoralmente.

No está fácil.

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Acertijo

Tanto dolor es imposible de ser canjeado por simples frases.

 


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