*Pedro de León Mojarro
*Pedro de León Mojarro

A partir del día 16 de septiembre comenzó en todo el país, el Censo para el Bienestar.

 

Será el padrón que se levantará casa por casa para conocer quiénes podrán ser beneficiarios de algunos de los 25 Proyectos Estratégicos que el nuevo gobierno federal pretende impulsar.

 

Los 25 proyectos se agrupan en los siguientes 10 apartados:

 

  1. Jóvenes construyendo el futuro.
  2. El porvenir de México está en la educación.
  3. Todos los mexicanos merecen una vida digna.
  4. Desarrollo sustentable con bienestar social.
  5. Alimentación y salud para todos.
  6. Que nadie se quede atrás.
  7. Desarrollo regional.
  8. Una economía para todos.
  9. Obras de beneficio colectivo.
  10. Sector energético, motor de desarrollo nacional.

 

Ante la imposibilidad de comentarlos todos, en esta entrega me centraré en los programas que van dirigidos a los de abajo, aquellos que día con día viven en la incertidumbre de si comerán o no, de cómo salir adelante; me refiero a los jóvenes que no estudian ni trabajan, a los adultos mayores, a las personas con discapacidad y, en general, a los 24 millones de población con mayores carencias.

Sin duda, lo que se pretende es hacer justicia a los olvidados, a esos 24 millones de “pobres de los pobres”, con énfasis en los 2.3 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan.

 

“Por el bien de todos, primero los pobres”, fue frase recurrente en los 18 años de campaña del ahora presidente de México, mismo que en congruencia con su discurso se plantea por primera vez después de casi 40 años de neoliberalismo, atender a los que nunca se debió desatender.

El fondo de estos programas significa el inicio de la dignificación de los pobres de México, significa acabar con el ocio y los vicios entre los jóvenes debido al abandono, al integrarlos a empresas para que se capaciten y puedan trabajar ahí mismo y a universidades para que estudien una carrera.

Significa también cambiar de estrategia en materia de seguridad, para rescatar a los jóvenes de la delincuencia y las drogas, al ofrecerles oportunidades de educación, capacitación y empleo.

No hay la menor duda que la mejor prevención es atender a los jóvenes; en el mediano plazo, el darle opción a la juventud ayudará no sólo a pacificar al país, también impulsará el desarrollo nacional con lo mejor de la energía y la fuerza de México, su juventud.

Apoyar con mil 200 pesos mensuales a los adultos mayores que no tienen acceso a alguna pensión, para que tengan una vida digna, significa empoderar y dignificar a nuestros abuelos, tradicionalmente abandonados, más que por ingratitud de sus familiares es por la evidente falta de recursos.

Mil 200 pesos por mes para los adultos mayores; 3 mil 600 pesos para los jóvenes en capacitación; 2 mil 400 pesos para jóvenes universitarios y asegurar un precio base (de garantía) para el frijol y el maíz, además de que será una gran derrama económica significa cambiarle la vida a esa franja de la población urbana y rural que a los últimos gobiernos no solamente se les olvidó, les incomodaba.

Asegurar las medicinas y apoyar a un millón de discapacitados con médico y medicinas gratuitas es “un brinco de la tierra al cielo”.

Más de dos seguirán insistiendo en que son medidas populistas, pero como dijo Barack Obama, “si ser populista es luchar por la justicia, preocuparse por la gente pobre, preocuparse por los trabajadores, que los niños tengan una educación decente y un sistema de impuestos que sea justo entonces a mí también díganme populista”.

Más allá de filias y fobias, esos programas significan un cambio de régimen, no hay duda.


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