JUAN MANUEL RIVERA JUÁREZ Y ELVA CABRERA MURUATO*
JUAN MANUEL RIVERA JUÁREZ Y ELVA CABRERA MURUATO*

La Tierra gira alrededor del Sol una vez por año. De hecho, esto es lo que significa la palabra año: el tiempo que requiere la Tierra para dar un giro completo alrededor del Sol. La órbita que describe es mayor que el diámetro del Sol y la Tierra. Si se dibujase a escala, el Sol sería un punto diminuto y la Tierra otro, aún más pequeño.

La Tierra gira alrededor de su eje (el que une sus polos norte y sur), que siempre apunta en la misma dirección mientras el planeta gira alrededor del Sol. Este eje no es perpendicular al plano de la órbita, sino que está inclinado 23.5° aproximadamente (un ángulo recto tiene 90° y un círculo completo, 360°).

Si en lugar de esta inclinación, el eje fuese exactamente perpendicular a la órbita, el día tendría 12 horas de luz solar y 12 horas de noche en cada punto de la Tierra, tanto en el hemisferio sur como en el norte. Sin embargo, a causa de la inclinación, la situación cambia a lo largo del año. En el solsticio de verano (22 junio), el hemisferio norte se inclina hacia el Sol, lo que le da más de 12 horas de luz solar, mientras que en el hemisferio sur ocurre lo contrario. En el solsticio de invierno (22 diciembre) se invierte la situación. El solsticio de verano corresponde a la mitad del verano en el hemisferio norte y a la inversa en el sur. Por tanto, la inclinación del eje de la Tierra provoca las estaciones del año.

Hay dos periodos de tiempo importantes para nosotros: el primero sucede cuando dividimos nuestras actividades en días, dándonos una relación conveniente de luz y oscuridad. Por otra parte, el año es importante porque mantiene una relación conveniente con las estaciones. Aunque la inclinación del eje terrestre y el movimiento de traslación son los factores más importantes que definen la sucesión de las estaciones, hay otros factores que también tienen una gran influencia. Sin embargo, surge una complicación, pues no hay una relación inherente entre ambas maneras de medir el tiempo: no hay razón astronómica alguna para que el año comprenda un número exacto de días y, de hecho, no lo comprende. Por lo que sabemos, un año tiene 365.242194… días y, probablemente, el decimal nunca termine.

De aquí surge el problema práctico de cómo podemos dividir el tiempo en días e impedir que el año “pierda el paso”. Por ejemplo, si decidimos contar 365 días en el año calendario, introducimos un error de 0.242194… días calendario, en comparación con el año astronómico cada vez que la Tierra completa un giro alrededor del Sol. Después de 10 giros, nuestro calendario artificial se habría retrasado 2.42194… días, y en cien, 24.2194… En un siglo nuestro calendario estaría en un grave error; evidentemente se necesita un método mejor para construir un calendario.

En la época del imperio romano, los calendarios solares tenían 304 días dispuestos en 10 meses (cuatro de 31 días y seis de 30), de modo que los pontífices debían intercalar un undécimo mes cada pocos años para compensar el desajuste temporal. Sin embargo, el error llegó a incrementarse hasta el punto de que el invierno terminó siendo fechado en el otoño astronómico.

Los errores eran debidos a manipulaciones intencionales de los políticos y sumos sacerdotes romanos que ajustaban el calendario para prolongar sus mandatos. Julio César, en el año 46 a.C, ordenó una reforma del calendario romano con el fin de ajustar de manera definitiva el año al curso del Sol. Para tal fin se encargó al astrónomo Sosígenes de Alejandría, el diseño de un calendario. El calendario juliano, que retomaba los 365 días, divididos en 12 meses del calendario egipcio, fechaba las estaciones y sus fiestas romanas (correspondientes) concordando con el momento astronómico en que sucedían; sin embargo, se percibía un desfase de cinco horas, 48 minutos y 46 segundos en relación con el ciclo solar real.

Para contrarrestar el desfase, en lugar de intercalar un mes cada cierto tiempo, se optó por sumar un día cada cuatro años (incluyendo los seculares), lo que originó el concepto de año bisiesto. Introdujo el método de hacer que cada cuatro años, uno tuviese 366 días. Todos estamos familiarizados con el sistema de años bisiestos, en el que se añade un día al mes de febrero. El sistema juliano, como se le llama, comete un error de 0.0078… días en cada giro de la Tierra alrededor del Sol, de forma que cuando el calendario de César llevaba en uso desde el año 46 a.C. hasta el 1500 d.C, había acumulado un error de unos 12 días. (Continúa el próximo jueves…)

 

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