David H. López
David H. López

Se habla de la crisis por la que atravesarán algunos medios al cesar la derrama de dinero público. Anticipándose, despiden a columnistas de influencia nacional en algunos casos y, en otros, remueven a rostros emblemáticos de sus empresas. ¿La explicación? recortar gastos y prepararse para una nueva etapa, en la que una de las principales carencias será el dinero gubernamental.

Sin embargo, la dificultad no llega con el nuevo gobierno ni con el fin de la generosidad de los salientes. En el mundo, los medios están en crisis desde hace al menos 10 años. Tema ya fermentado: la gente consume cada vez menos información en papel y pantalla de televisión, y cada vez más en sitios, blogs y redes. Un enemigo mortal de los medios convencionales lo tiene usted en su bolsillo y además lo usa para “mandar whatsapps”.

¿Tiene solución de corto plazo? Esta modificación en los hábitos de consumo de información alterará el tablero de juego de los medios y sus jugadores. Algunos desaparecerán, mientras otros nacerán o resurgirán. Ya comienza a suceder.

México no es ajeno a esto, pero ese no es el problema de corto plazo de la industria mediática mexicana. ¿Nos extraña esta crisis con nuestros medios adictos, yonkis del dinero público?

Otros, lo hacen no tanto por dinero, sino respondiendo a su sesgo ideológico para parcializar su narrativa. Como ejemplo de cualquiera de los dos (dinero o ideología) tenemos a la mano la magra representación en las principales mesas de debate mediático del electorado que votó en 53 por ciento por el presidente electo. En cambio, los que perdieron están representados en mucho más del 47 por ciento del resultado de la elección. Y eso que no hablamos del Congreso Federal. ¿Se sentirá el elector identificado con mesas de opinión, en las que sólo uno de cuatro representa a sus elegidos?

Hace varios lustros, visualizando a la sociedad de Estados Unidos dividida en mitad conservadores mitad liberales, los últimos contaron con la afinidad ideológica de los medios y sus líderes de opinión. Con matices, los liberales siempre se sintieron reflejados en sus concepciones del mundo y de la sociedad por medio de las cadenas principales: ABC, CBS y NBC. En esa dinámica, el conservador estuvo fuera de la ecuación y fue, en su momento, un invitado eventual y a fuerza.

 

Llegó FoxNews para atender al espectro ideológico de los derechistas: en lo religioso, fiscal, mediático, cultural y, desde luego, lo político, pasando por un apoyo prorepublicano sin molestarse en disimularlo.

No nos detendremos por ahora en la influencia de FoxNews en la mentalidad de su audiencia, cada vez más extremista en su conservadurismo. Incluso, hay voces que le culpan de radicalizarla a niveles donde se reivindicaron antivalores considerados extintos o casi: racismo, xenofobia, divisionismo nacional, machismo y un escalofriante etcétera.

No obstante, para fines prácticos FoxNews es un éxito comercial. La explicación más evidente: por fin hubo una cadena que atendiera a la mitad conservadora de Estados Unidos. Mientras sus competidores descifraban el fenómeno, también peleaban entre ellos mismos por la otra mitad del país.

Muchos medios masivos en México actualmente están en reconfiguración de la estructura de sus contenidos informativos. ¿Aplica el ejemplo FoxNews para ellos?

¿Se les pedirá una cuota de contenido acorde a las preferencias electorales? ¿Atender a esa enorme parte del electorado que eligió a la coalición encabezada por Morena? Tal vez sea pedirles mucho. Además ¿Será conveniente?

A estas alturas un valor mínimo para resurgir en las preferencias del público es la objetividad que les regrese su credibilidad como ente informador y su viabilidad como negocio. ¿Habrá algún medio dispuesto?

Volveremos sobre el tema.

 

dhlopezg@gmail.com


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