Alfonso Carlos Del Real López
Alfonso Carlos Del Real López

El pasado jueves tenía todo organizadito, según yo. Mi agenda estaba armada milimétricamente. Me sentía medio japonés de tanto orden y pulcritud con las que dispuse de mis horarios para atender los pendientes.

Sin embargo, con una llamada todo cambió. Una voz femenina me transmitió la indicación de, por parte de la licenciada Fabiola Torres, que acudiera a Palacio de Gobierno a atender a un grupo de trabajadores de ayuntamientos que se apersonaron en Plaza de Armas para, posteriormente, marchar hacia el congreso local. La protesta era por despidos de trabajadores en varios ayuntamientos.

Y ahí voy, todo apresurado, reorganizando todo, cancelando citas, aguantando algunos desplantes y reclamos por mi “informalidad” por cambiar compromisos casi a la hora. Como sea, me enfilé hacia el centro de la capital zacatecana para abordar al contingente, previas llamadas con algunos personajes, entre ellos, quien encabezaba al grupo.

Al llegar, los alcancé cuando ya se enfilaban a la marcha por la avenida Hidalgo, a la altura del Hotel Emporio. Después de una breve manifestación de enunciados entre un servidor y quien encabezaba al grupo y de acordar platicar después de que hicieran presencia en el Congreso del Estado para dejar un escrito, conversé un poco con una joven periodista.

Durante nuestra plática, me cayó el veinte de algo: deben ser muchísimos los trabajadores de ayuntamientos que en estos momentos están en la zozobra por su situación laboral.

La alternancia política en varias presidencias municipales significa también la posibilidad de renovar una parte de la plantilla. Es decir, cumplido el mandato de una administración municipal, existe la posibilidad de que el cambio de gobierno sea un pretexto (usted decida si es bueno o malo) para dejar ir a cierto personal y darle la bienvenida a otro, algo que es común políticamente o, bien, se antoja hasta necesario para refrescar los trabajos en las presidencias municipales.

El asunto en cuestión no es ni será tema menor; independientemente de que el gobierno estatal no tiene incidencia alguna en la situación (en estricto sentido, estamos hablando de una relación laboral ajena al estado) es importante estar atentos al desarrollo de la situación, toda vez que de una u otra forma, hay un impacto en las finanzas de los municipios del estado.

Desafortunadamente, desde hace muchos años se generan una serie de condiciones financieras que tienen a varios ayuntamientos en situación de precariedad económica; para solventar sus compromisos, es normal que los municipios pidan el apoyo extraordinario de los gobiernos estatales, pero dado el complejo panorama de las finanzas públicas en numerosas entidades federativas, el tema se antoja muy complicado.

Este asunto dará mucho más de qué hablar; no tengamos duda de que habrá autoridades municipales que en buena lid traten de hacer cambios en grupos de trabajadores y quizás otras que no.

Ahí se verán muchas de las capacidades de las nuevas autoridades municipales para llegar a acuerdos que, por supuesto, respeten absolutamente la legalidad, por un lado, y por otro, generen condiciones propicias y justas para el retiro de trabajadores y la contratación de nuevos.

Por lo pronto, no tengo duda de que será necesaria la participación política del gobierno estatal para coadyuvar a generar condiciones de diálogo entre grupos de trabajadores que se sientan agraviados –ya sea que tengan o no algún vínculo sindical– y por otro lado, las autoridades municipales que quieren aplicar la medida como algo necesario.

En ambos casos habrá que estar atentos a los argumentos de una y otra parte, y siempre, pero siempre siempre siempre, pensar en la siguiente generación. Me cae que sí se puede.

Nos leemos el próximo lunes. ¡Babai!

 

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