Alberto Chiu
Alberto Chiu

Antes de cerrar semana, y sin que haya claridad total en el tema, ya se ha empezado a hablar de la próxima realización de la glosa del segundo Informe de Gobierno de Alejandro Tello Cristerna, y se supone que los diputados locales deben estar ya preparándose para recibir y cuestionar a los secretarios de estado, respecto de lo que el mandatario informó al pueblo de Zacatecas.

Me parece que, a diferencia de otros años, en esta ocasión hay poco interés de los ciudadanos comunes y corrientes –y al parecer cada año con menos intensidad– en enterarse de lo que los titulares de las distintas dependencias del gobierno tienen que explicar, a partir de lo que dijo el gobernador el pasado 8 de septiembre. Y hay menos interés, claro, porque cada vez explican menos y los diputados menos les preguntan.

Contados han sido los casos de legisladores que, incluso con documentos en mano, se han animado a lanzar dardos flamígeros en la forma de preguntas picosas, recalcitrantes, o abiertos cuestionamientos sobre irregularidades graves cometidas en las secretarías de estado… la mayoría de las veces sin resultado positivo, o ni siquiera respuesta aceptable de los titulares.

Más aún, es increíble el grado de desfachatez que muchos de los cuestionados llevan a la práctica, sacándose la espinita con contestar que “luego le enviarán a los legisladores, por escrito, la respuesta a lo que les preguntaron”, pero a la postre la ciudadanía jamás se entera si realmente enviaron sus respuestas por escrito, si fueron satisfactorias, si hubo el reconocimiento de algún dato expuesto… y todo queda en el acto mediático de la comparecencia pública ante el pleno.

Si las comparecencias son abiertas al público, ¿por qué no hacer el esfuerzo de que también sean televisadas por el canal oficial? Y si son televisadas, ¿por qué no hacer también público el seguimiento que le den los diputados a cada una de ellas, sus discusiones al interior del congreso, etcétera? Ahora que tanto se presume la “transparencia” y el “acceso a la información”, a mí me gustaría ver por ejemplo cómo discuten o debaten los diputados las respuestas de los secretarios, una vez que concluyó la comparecencia de tal o cual funcionario.

Pero son sueños guajiros. Hasta el momento, la presentación de estos funcionarios de primer nivel ha probado ser más una representación de tipo teatral, aprovechada generalmente por quien busca los reflectores para lucirse personalmente, y que luego no tiene carácter vinculatorio alguno con algún tipo de sanción de parte del Legislativo hacia los miembros del Ejecutivo. Sólo se llega a la enumeración de posturas, al intercambio de discursos –pasando por uno que otro piquete de ojos–, a la escenificación de pasiones y enojos… y párele de contar. Vuelta a la página sin mirar atrás.

La estructura de la glosa, desde hace años, está hecha de esa manera. Está más que probado que se convierte en noticia del día, o de la semana, y luego es fácilmente olvidable tanto en los medios como entre la ciudadanía en general, que comúnmente piensa –gracias a ese mismo teatro– que las comparecencias no sirven para nada.

Por supuesto, la responsabilidad de cambiar esa percepción debería estar en manos de los propios legisladores, quienes quizás podrían –con el presupuesto que se cargan, que no es poco–, a su vez, establecer un canal de comunicación directa con la ciudadanía en el que informaran, puntualmente, cómo van dando seguimiento a lo que les informó el gobernador y lo que les ampliaron de información sus funcionarios. Y que llegaran, finalmente, a por lo menos dar una postura firme ante el informe de gobierno y sus resultados.

Lamentablemente, parece que a los legisladores sólo les importa correr el trámite y dar cumplimiento al mandato de la ley en cuanto a la famosa glosa. Pero de ahí, a fungir como verdaderos representantes del pueblo, un pueblo que exige resultados de sus autoridades, me parece que les falta todavía un gran trecho.

 


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