Enrique Laviada
Enrique Laviada

Comienza a dejarse ver en la Fiscalía, a cargo de Francisco Murillo Ruiseco, una lamentable confusión que, quizá, pueda tener consecuencias negativas, aún no suficientemente calculadas, en contra de las expectativas iniciales y las razones por las cuales le fue confiada a este funcionario la procuración de justicia en Zacatecas.

Sobra decir que su nombramiento sucede en uno de los periodos más complicados, con un incremento nunca antes visto en lo que a la comisión de delitos se refiere, con una violencia desbordada, cualquier clase de impunidad y todo lo que se sabe de sobra y lastima tanto a la población.

Resulta que, en medio de tales predicamentos, el señor Fiscal confunde la condición de autonomía, que las recientes reformas legales le otorgan, para convertirse en un autócrata al que se le subieron los humos de manera evidente.

Muy Murillo Ruiseco.

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Nos llegan versiones de que el Fiscal anda completamente por su lado, no aporta mucho que digamos a la coordinación en materia de seguridad, no asume los acuerdos como propios, no toma en cuenta ni recomendaciones ni opiniones, independientemente de quien se las haga, no pela a nadie, pues.

La persona que antes parecía confiable por su buena disposición, su preparación académica y su experiencia, sufre (por así decirlo) una desafortunada confusión por la que él mismo se coloca por encima de los demás, subido de tono, por cierto.

El señor Murillo Ruiseco no dirige la Fiscalía, sino que la entiende como de su propiedad, supone que él encarna a la institución, como un verdadero autócrata que sólo se hace caso a sí mismo, y pretende administrar la dependencia como una especie de prelatura personal, aislada del resto del aparato de Estado, es decir, se encuentra confundido.

Se ha dado el caso de que, incluso el gobernador, le haga llamados, en una condición de aparente distanciamiento, a lo que el Fiscal no responde con armonía o respeto institucional, sino con desplantes.

Muy Murillo Ruiseco.

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En lo que a su particular forma de entender la comunicación respecta (no es ironía) el Fiscal ha insistido en una actitud de resistencia a informar sobre sus actividades o la problemática que le ataña, con un marcado desprecio hacia los medios que no son de su contentillo.

Estos parecen ser los tiempos del ocultismo, la reserva, el filtro, la dilación, el burocratismo, la discriminación, el mutismo, la simulación en una Fiscalía que, precisamente de acuerdo con el espíritu de las reformas debería ser todo lo contrario.

Con el objeto de agravar las cosas en fechas recientes, el Fiscal tuvo a mal (tampoco es ironía) dar indicaciones para poner en funcionamiento una especie de “ministerio público” dedicado a interrogar a los reporteros acerca de sus intenciones, sus respectivos medios, cuestionando sus fuentes e, incluso, investigándolos de manera personal.

Muy Murillo Ruiseco.

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Acertijo

El poder a veces confunde; el poder absoluto, siempre, confunde absolutamente.


Nuestros lectores comentan

  1. Manuela Madariaga

    Eso es síntoma de que ya se hizo como su amiguísimo y orejísimo del alma, Alberto Chiu. Haga de cuenta que lo está describiendo