Enrique Laviada
Enrique Laviada

Se llama Enrique Calderón Alzati quien dirige desde hace más de un cuarto de siglo la Fundación Arturo Rosenblueth, creada en 1978 “por un grupo de profesionistas mexicanos interesados en la utilización y el desarrollo de la tecnología para la solución de los problemas relevantes de nuestro país”, según se consigna en su  información oficial.

Nos comentan que Calderón Alzati se ha convertido en el encuestador de cabecera de Andrés Manuel López Obrador y en su asesor para la materia del impacto social de sus planes y propuestas, eso desde los tiempos en los que gobernaba la capital del país.

De modo que las consultas (con las que ha sorprendido a la opinión pública nacional) se aplicaron (como parte de un convenio) a fin de dar “solución a los problemas relevantes del país”, y por tanto tienen un muy claro signo y sello de autoría.

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Por eso los voceros del nuevo gobierno, sin reparos, se hicieron acompañar de Calderón Alzati, con el fin de garantizar públicamente la autenticidad del nuevo “ejercicio democrático”, planeado a realizarse este mismo fin de semana.

Se trata de la consulta con la que se pondrán a consideración dos megaproyectos del sexenio, léase el Tren Maya en el sureste y la nueva refinería de Tres Bocas en Tabasco, así como sus principales programas sociales.

Al respecto, el presidente electo confiesa ser el encargado de defender a quienes organizarán la consulta, es decir, a la empresa de Calderón Alzati, que suponemos cobra por realizarla; ya que se dice “tiene autoridad moral” y apoya su trabajo en “ciudadanos, en profesionales, que son sobre todo gente honesta (sic), incapaz de alterar un resultado” a lo que todos debemos atenernos sin cortapisas, sin chistar pues.

Entrevistas recientes nos revelan que Andrés Manuel (así le dicen sus cercanos) insiste en descalificar cualquier crítica hacia sus consultas, poniendo sobre la mesa criterios morales: “tenemos autoridad moral (dice) no somos deshonestos (agrega), tenemos autoridad moral y por eso tenemos también autoridad política (concluye)”, lo que pareciera volverle impoluto y, por tanto, inapelable.

En un desplante de sinceridad (es ironía), López Obrador dijo: “en este caso” no seré imparcial (en el otro tampoco lo fue), a lo que se puede adicionar que tampoco lo serán (ni lo fueron) los presuntos organizadores, ahora encabezados por el tal Calderón Alzati, sin remedio alguno.

Las reservas se apoyarán, mencionó, en un ejército de “voluntarios”, la mayor parte salidos de la campaña presidencial y de las filas de Morena, y volverán a montar una farsa o un remedo de democracia participativa.

El verdadero objetivo será justificar decisiones ya tomadas y hasta presupuestadas… ah y, también, para que “los conservadores no tengan pretexto” (AMLO dixit).

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Me extraña la manera en la que se oprime al Instituto Nacional Electoral (INE), que es un organismo republicano y plural, y tuvo en sus manos la organización de lo que podríamos llamar la independencia incluyente, es decir, la propia voluntad popular en un tiempo crítico.

De ahí mi extrañamiento hacia la figura que habrá de interpretar la voluntad popular, un pincelazo en medio de tantas dudas o inciertas decisiones que tanto nos afectan, eso sin detenerse en las consecuencias o en el impacto real del imaginario colectivo del futuro inmediato, “no me importa”, “me canso ganso”, y formulaciones por el estilo, que pienso habrán de dominar en adelante nuestra existencia, y sin remedio aparente.

Es más: la consulta sirve como un recurso autoritario para detenernos en el tiempo; esto es: en un pasado indeseable y sin que exista preocupación acerca de nuestro futuro.

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Acertijo

Tiempo y distancia.


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