Alberto Chiu
Alberto Chiu

Una nota periodística, publicada en la presente edición de El Diario NTR, nos informa que en el marco de la celebración del 25 aniversario de que se nombró a la ciudad de Zacatecas como Patrimonio de la Humanidad, ayer se entregaron nombramientos a niñas y niños que, desde ahora, se han convertido en “Guardianes del Patrimonio Histórico”. ¡Genial!

Según lo publicado, este programa de los Guardianes nació apenas el año pasado, y pretende involucrar a los futuros ciudadanos, desde las edades más tempranas, en la correcta observación, cuidado, conservación e incluso restauración de monumentos y sitios históricos, sin importar si estos pequeños grandes héroes provienen de escuelas públicas o privadas.

El programa me parece de gran importancia, sobre todo si tomamos en cuenta que en la actualidad una buena parte del deterioro de dichos sitios y monumentos es causado –lamentablemente– por jóvenes locales que, ya sea bajo los influjos del alcohol, o simplemente porque no tienen respeto alguno por la historia ni por las áreas públicas, han dañado calles, edificios, monumentos, etcétera.

Obviamente, al interior de las escuelas de las que proceden estos nuevos Guardianes debe haber –supongo, quiero creer– alguna especie o estrategia de seguimiento dentro de una de las materias que llevan los alumnos, para que se reafirmen tanto los conocimientos históricos de lo que se han comprometido a proteger, así como para que desarrollen un sentido de pertenencia al terruño y el cariño suficiente como para querer cuidarlo activamente.

El único lugar donde no estoy seguro de que se dé seguimiento, lo admito con tristeza, es en el hogar. ¿Cuántos padres de familia de estos Guardianes le darán a su vez seguimiento al programa, a las responsabilidades de sus pequeños hijos, y al compromiso que han adquirido, y que tiene que ver e impacta no sólo en ellos mismos, sino en la sociedad a la que pertenecen?

Quisiera pensar que deben ser pocas las familias en las que el cuidado del patrimonio les valga un pepino. Pero las hay, y ahí obviamente la sociedad enfrenta un obstáculo que sólo se franquea desde dentro, pues los programas o políticas públicas no se meten a la casa de esas familias, y entonces todo el esfuerzo se queda solamente en la escuela, y en el ámbito interior de la niña o el niño que se siente atraído por ser Guardián.

Y a lo que voy es a esto: para que veamos resultados tangibles en el cuidado de nuestro patrimonio histórico, quizá se necesiten unos cuantos meses o un par de años; pero para que se noten resultados en un cambio de mentalidad de las familias que formen ciudadanos de bien, quizá se necesiten muchos más años. Un cambio generacional de largo plazo, pero que tiene que empezar desde hoy.

Así que, independientemente de si usted tiene hijos pequeños en edad de ser Guardianes del Patrimonio, creo que debemos ponernos a pensar todos en lo que nos toca hacer para vivir dentro de los básicos valores del respeto y la convivencia pacífica. Créame, si logramos eso, los índices de delincuencia bajan.


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