Alberto Chiu
Alberto Chiu

Tal como lo han declarado ya varios de los funcionarios involucrados en el caso de la pequeña Lisa María (o Mariel, como también le llaman), resulta que la responsabilidad de que nadie se haya dado cuenta del terrible estado de indefensión y abuso en el que vivía, es de todos. Y sí, en efecto, coincido con esos funcionarios. Pero no es pretexto.

De acuerdo con el informe forense dado a conocer (al menos las partes que se hicieron públicas), el abuso hacia la pequeña Lisa María no era nuevo, sino sistemático y constante desde hacía bastante tiempo atrás, lo que acabó poniéndole fin a su vida. ¿Y nadie se percató del calvario que vivía en su propia casa?

Traigo a colación las encuestas que luego se hacen, a nivel nacional, para medir el nivel de confianza que se tiene en las instituciones oficiales, y en algunas de sus preguntas en donde se cuestiona, por ejemplo, si le dejaríamos las llaves de la casa al vecino, o a un funcionario público, y casi siempre resultan bastante mal calificados éstos últimos. ¿Y los vecinos? Ya no digamos para dejarle las llaves de nuestra casa… sino el cuidado de alguno de nuestros hijos. O peor aún, al cuidado de sus propios hijos. ¿Nos fijamos en eso?

Me parece que los niveles de desconfianza que hay entre los propios ciudadanos son altísimos, y coincido con algunos especialistas que señalan que se ha perdido en alto grado la comunicación y compenetración de las células base de la sociedad entre sí. Incluso entre familias que viven en una misma colonia, o en una misma calle, hay casos en que ni siquiera se conocen ni se hablan.

Así que en semejante situación, no es raro que luego los propios vecinos desconozcan cómo vive tal o cual de sus vecinos, así como el trato que dan a los propios miembros de su familia. De modo que, efectivamente, quizá también la sociedad es corresponsable del desconocimiento de la tragedia de Lisa María. Pero no es pretexto.

Al menos no es pretexto para la autoridad, que como lo señala la Comisión de Derechos Humanos, fue omisa en hacer las revisiones y supervisiones pertinentes para conocer el estado en que se desarrollaba la pequeña Lisa María, para saber si estaba bien de salud, o ya siquiera para constatar que había quedado en un hogar donde era amada y se desenvolvía de manera acorde a su edad y su condición, dado que ya desde su casa materna había sido una niña maltratada.

No hay pretexto ni justificación para que se haya omitido esa revisión, y ahora falta saber si la autoridad se queda de brazos cruzados, y si le dará la vuelta a la hoja con tal de no sancionar a quienes podrían ser también corresponsables –por omisión– del terrible desenlace de su vida. ¿Serán capaces de poner como pretexto el que “todos” somos responsables de “todos”, para no llevar ante la justicia a quienes no hicieron su trabajo?

Y en todo caso, si ni siquiera existe un marco legal para exigir esa supervisión, ¿serán capaces de ponerlo de pretexto para no modificar entonces dicho marco legal y proteger a todos los demás menores en situación similar? No es pretexto. No hay pretexto que les valga.


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