Alberto Chiu
Alberto Chiu

Los resultados de la más reciente evaluación del Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (Planea), aplicada a nivel nacional, dan cuenta de que algo está pasando en la educación de nivel básico, pues constatan que nuestros estudiantes están por debajo de la media nacional en las materias de matemáticas y lenguaje y comunicación.

Hasta no hace muchos años, todavía era común escuchar en ciertos ambientes (donde la educación era escasa porque quizá no había escuelas suficientes o cercanas), que “ya con que los chamacos sepan leer y sacar cuentas” era suficiente para que, más adelante en su vida, pudieran valerse por sí mismos, y no los fueran a hacer tontos.

Y creo que aquella frase, dicha quizás como máxima para que los párvulos al menos supieran las operaciones básicas y tuvieran la habilidad de interpretar un texto (una carta, un documento oficial, una novela, un libro técnico) no podría ser más cierta ahora, en una era tan invadida de tecnología que, lamentablemente, es a ésta a la que los propios estudiantes le dejan la tarea de pensar, en lugar de hacerlo por sí mismos.

Personalmente me he encontrado sorprendido, muchas veces, cuando me encuentro con jóvenes de secundaria que batallan lo indecible para hacer una operación básica mentalmente, sin tener la necesidad de recurrir (en estos días) a la calculadora o alguna otra aplicación en el teléfono celular, al que usan hasta para eso.

Más aún, si uno les pide una comprensión de lectura de cierto texto o novela o ensayo, es sumamente común que, en lugar de leer, comprender y obtener sus propias conclusiones, acuden entonces al internet (también en el celular) porque saben que, en algún lugar, en algún momento, es muy probable que alguien más ya haya hecho esa conclusión y estará ahí, disponible, para “bajarla”.

Tan necesaria como es la tecnología para el avance y desarrollo del conocimiento, creo que en una parte nos ha jugado en contra haciendo a muchos alumnos (no a todos, es cierto) inútiles funcionales, y los ha instalado en la comodidad de “las respuestas en la nube”, sin que hayan podido desarrollar sus propias habilidades de procesamiento de datos, ya sean matemáticos o lingüísticos.

Otra parte, estoy seguro, tendrá que ver con la metodología en la forma de enseñar de los maestros, y con la corresponsabilidad de los padres de familia que, en casa, también contribuyan a construir alumnos e hijos flojos para razonar por sí mismos, y que les ayudan a “no batallar” (como quizás muchos batallamos en nuestro momento) para hacer sus labores académicas. ¿Hasta cuándo nos daremos cuenta de que podríamos estar formando generaciones de flojos?

En los magros resultados de la prueba Planea, creo que llevamos responsabilidad todos, y que es momento de volver a exigir aún más de nuestros educandos, pues tienen la materia prima para hacerlo. Porque de otra manera, nos tendremos que dar cuenta de que los malos resultados de los alumnos son consecuencia de los malos maestros, y en éstos se cuentan tanto algunos docentes como padres de familia.


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