*Pedro del León Mojarro
*Pedro del León Mojarro

Es indiscutible el apoyo popular y la euforia que despertó y despierta Andrés Manuel López Obrador.

Llega a la presidencia de la República después de cuatro elecciones, en todas ellas víctima del fraude; la primera fue en su natal Tabasco cuando compitió para gobernador contra Roberto Madrazo y las otras tres son de todos conocidas; su lucha por la presidencia en 2006, 2012 y 2018.

Después de treinta años ahora comienza la tercera transición por la vía pacífica, a diferencia de las dos anteriores, la independencia en 1810 y la revolución en 1910.

Dice Ortiz Pinchetti “dejamos atrás un páramo de la historia de México caracterizado por la corrupción, la impunidad, el cinismo y la simulación…”.

López Obrador desde su marcha de Tabasco a Ciudad de México, pasando por el desafuero cuando fue jefe de gobierno en el Distrito Federal; y su recorrido por los 2 mil 457 municipios del país con tesón y perseverancia finalmente llega a la presidencia de la República con un poder prácticamente imperial.

El sábado pasado escuchamos dos extensos discursos del presidente que no contienen nada nuevo de lo que ya conocíamos. El presidente tiene claro lo que él quiere para la 4T del país y está decidido a que nadie lo detenga.

No hubo ningún mensaje en directo para los empresarios e implícitamente para los amorfos mercados, que no los vemos, no los podemos tocar, pero son más agiles y delicados que una chuparrosa buscando la miel; recordemos la bancarrota en la que nos dejó la fuga de capitales en 1994.

Por el bien de México yo esperaría que esa omisión no llame a soberbia y sobre todo no sea malinterpretada por los dueños del capital nacional e internacional.

Si en algo podría resumirse la esencia de mi gobierno, dijo López Obrador, es “acabar con la corrupción y la impunidad” frase que es más que suficiente para cualquiera de los actores de la política y la economía nacional, y si a esta le agregamos la decisión de enfrentar la inseguridad que padecemos, son dos poderosas razones, que junto a los apoyos para varios millones de jóvenes dan por mucho para otorgarle al presidente la confianza en un cambio de régimen pacífico para el país, mismo que  plantea la  incuestionable necesidad de separar el amasiato vivido en el neoliberalismo entre el poder económico y el poder político.

“Al margen de la ley nada, y por encima de la ley nadie”, dijo López Obrador al afirmar que su gobierno no estará más al servicio de una minoría rapaz y se conducirá en la práctica de un auténtico estado de derecho.

 

No habrá reelección. No vamos a endeudar al país. No habrá más fraudes electorales. Por el bien de todos, primero los pobres. Como nunca se ha hecho vamos a enfrentar la pobreza y la marginación garantizando salud, educación y seguridad social para todos los mexicanos; fueron frases reiteradas en el primer día de gobierno del presidente.

No obstante lo anterior, continúan pendientes temas de la mayor trascendencia, como el destino final de las reformas energética y   educativa, mismas que indudablemente dan; una para potenciar la economía y la otra para sacar de la mediocridad al país, pero sobretodo a nuestra juventud con el poder de una educación que derive en la formación integral y de calidad, nutrida de valores éticos para crear al “hombre nuevo” con el que soñaba el legendario Ernesto el Che Guevara.

 

*Coordinador estatal del movimiento nacional Ruta 5

Facebook: Pedro de León Mojarro

Twitter: @Pdeleonm

Sitio Web: www.pedrodeleon.mx


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