Miguel Moctezuma L
Miguel Moctezuma L

A cada persona le corresponde preguntarse si busca depender de terceros en la vida.

No existe libertad sin responsabilidad. La libertad te condiciona a que dejes de culpar a los demás por lo que no haces.

Vivo en la llanura. He llegado a la cima de una montaña, he ido a muchas montañas; a veces sólo llego al pie de ellas, otras veces recorro sus pendientes sin llegar lejos. Antes pensaba que ése era mi destino, me preocupaba subir montañas, sentir el aire, mirar hacia atrás; hoy creo que vivo en un oasis, bebo agua, más agua y trato de aprender a nadar. El desierto que he conocido me ha enseñado a valorar que el oasis es la diferencia. No debo abandonar las montañas, ni su aire; pero vivo en la llanura.

La primera montaña me fue imposible escalar, lo intenté obsesivamente varias veces y en todas fracasé, como resultado, me sentí por años muy agobiado. La segunda montaña la escalé con facilidad, eso me dio la confianza para volver a intentar subir a la primera y lo logré; ya en la cima, me di cuenta que había perdido el interés por llegar a ella y que no valía la pena. De ahí en adelante he escalado y aún escalo montañas; todas son distintas. Es realmente sorprendente poder hacerlo, y en cada intento, sentir que la montaña se acerca, justo cuando se va al encuentro.

Actualmente tengo muchas montañas alrededor. Allí han estado, pero, creía no poder llegar a ellas. Hay todavía montañas que no he recorrido; cuando finalmente llego a ellas, siento su frío, su belleza, su grandeza; me despiertan muchos sentimientos que han permanecido dormidos y que finalmente llegan a la conciencia.

Cada montaña tiene sus atractivos, pero no todo está accesible. Muchos de sus rincones siguen asombrándonos y estimulando con ello la imaginación y nuestros sueños. Esto cada vez más se constituye en una fuerza intensa que nos obliga a dejarnos guiar rompiendo con nuestro mismo pensamiento.

Puro lenguaje metafórico para la imaginación, la literatura y los poemas; él antídoto de la toxicidad.

En todas partes unos creen que lo que pasa, “no pasa”; o que lo que pasa, es “lo que debe de pasar”; por tanto, hemos perdido la capacidad de asombro. Para que esto cambie, es necesaria que se produzca una brusca dislocación que ponga fin a la falsa creencia de la legitimidad de la rutina. Sólo una experiencia así de radical es la que nos indica que lo que sabemos tiene validez hasta nuevo aviso.

Para muchos las cosas así como están no merecen cuestionamiento alguno. En efecto, el sujeto está sujetado. Se trata ni más ni menos de la conciencia reificada; sí, de esa que ve, pero no observa, o de la que escucha, pero no oye: es una conciencia sin historia.

La libertad no llega cuando nos adherimos por comodidad o por conveniencia a terceros. La libertad hay que conquistarla como un hacer “haciéndonos” o como una responsabilidad que asumimos, en donde como agentes no sólo razonamos, sino que desarrollamos la capacidad de razonar y de hacer.

Los jóvenes de hoy nos juzgan como una generación fracasada, que perdió la capacidad de soñar y de romper paradigmas. Un día nos lo van a reclamar y tendremos que darles respuestas. Rehusarse a ser parte de esa frustración es lo que reclaman quienes se engañan pensando que aún son la vanguardia.

Tenemos que atrevernos a romper con el pasado que nos ata, e incluso, con nuestra generación para poder parir algo que valga la pena.

Un cambio genera incertidumbre y miedo. La única certeza es nuestra voluntad. Seamos libres ante nuestros miedos. Es tiempo de hacer lo que te corresponde.

La conciencia pasiva traiciona y nos pone en manos de terceros: brujos, sacerdotes, políticos, etc. Reflexionar la reflexión. El “mesías” se comporta como gurú; el “sabio” se cree erudito; el “salvador” se piensa profeta y el dictador se muestra diabólico.


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