Alberto Chiu
Alberto Chiu

Ayer se reunieron los gobernadores del país con el secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana de la nueva administración federal, Alfonso Durazo Montaño, en una de esas juntas de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), específicamente para poner “los puntos sobre las íes” en el tema de la seguridad. Y en el caso específico de nuestra entidad, de la inseguridad que sigue en alza constante.

En dicha reunión, informaron desde el gobierno, el secretario Durazo prometió que “en los próximos días se reforzará de manera muy significativa la presencia de Fuerzas Federales en Zacatecas (mayoritariamente elementos del Ejército y, también, de la Policía Federal)”. ¡Qué alivio! ¿O no?

Sin embargo, en el mismo comunicado oficial se consigna que aunque el gobernador Tello consideró éste como un “buen” anuncio, señaló también que “no es un tema para mañana, sino que la seguridad de Zacatecas está basada a partir de ahora en la nueva estrategia y esquema militar”. Vamos, pues, que la ayuda federal le urge. Y es una urgencia grande.

Según señalaron, al gobernador Tello le urge que llegue aquí y empiece a ejercer sus funciones la Policía Militar, dentro del nuevo esquema propuesto por el gobierno federal. Sólo que hay un pequeño inconveniente: todavía no existe un marco legal adecuado para las funciones completas de elementos castrenses en asuntos de seguridad pública. Y no se ve para cuándo se modificarán las leyes actuales o se emitirán nuevas legislaciones que le den al Ejército ese marco normativo. Y la urgencia, entonces, se recrudece.

Sobre todo, porque en los últimos días (y semanas, y meses), hemos visto cómo se establecen nuevos récords de violencia por mes, o por semana, o diarios. Más ejecutados, en prácticamente cualquier sitio y a cualquier hora del día o la noche. Se asesina a hombres y mujeres, a jóvenes o ancianos por igual. Y esas son las estadísticas que se logran conocer, pues aunadas a la cifra negra seguramente nos provocaría un pavor incontenible.

Además de las ejecuciones, están también aquellas que se perpetran con cada vez más saña: cuerpos desmembrados, cuyas partes son dejadas a la vista de la ciudadanía en sitios públicos. Y por supuesto, el delito de secuestro que, en nuestra entidad, también ha tomado proporciones increíbles y lamentables.

Sí, la urgencia es mucha; pero por más que sea urgente la llegada de más fuerzas federales, y urgente la modificación de las leyes, y urgente la aplicación del esquema de seguridad del nuevo gobierno, aquí seguimos muchos preguntándonos qué pasa pues con las autoridades civiles estatales y locales, cuyos mandos y superioridad exhiben muy a menudo una pasividad espeluznante. ¿Harán algo diferente una vez que lleguen las fuerzas federales? No lo creo.

Porque si a su pasividad le agregamos que ahora también los delincuentes señalan a mandos policiacos como coludidos con tal o cual grupo delincuencial, me parece que entonces las fuerzas federales tendrán que venir a lidiar con dos problemas: con los delincuentes… y con los policías.


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