Enrique Laviada
Enrique Laviada

Por primera vez pongo en calidad de ironía algo desde el título de la columna, me refiero al segundo lema utilizado por el gobierno de Alejandro Tello, esto de “trabajemos unidos” con el que se pretendía, supongo, una adecuación a las nuevas condiciones impuestas por el resultado de la elección presidencial.

El caso es que la frase ha quedado en eso, es decir, un enunciado sin sustancia o contenido que la materialice o le confiera algún significado y consecuencia práctica.

Se trata de palabras sueltas que no corresponden con la triste realidad en la que nos encontramos, a pesar de los despliegues publicitarios (también es ironía) o las reiteraciones discursivas, por cierto, muy elementales.

Lo que se intenta, creo, es presentar por más tiempo un gobernador bonachón y mejor intencionado que cualquier otro, hasta honesto, pero al que no le hacen caso y frecuentemente lo dejan solo.

Ni cómo trabajar unidos.

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El problema de la falta de unidad en torno a Tello parte, además, de su propio gabinete en el que cada secretario se asegura de atender sus propios asuntos y propósitos personales, salvo contadas excepciones.

Así es como al secretario de Gobierno, un tal Jehú Eduí Salas, le interesa más atender sus estudios de maestría en un estado vecino que los problemas del gobierno, según corrillos gubernamentales, al tiempo que se prepara para ser candidato al gobierno del estado (la ironía se cuenta sola), esto es, lo más lejos posible del conflicto y los riesgos de la administración actual.

Mientras tanto, el secretario de Finanzas, Jorge Miranda, jala los reflectores, sonríe ante las cámaras fotográficas, hace recorridos y arma una especie de pre campaña (para lo que se pudiera ofrecer), al tiempo que negocia con los representantes en el estado de la Cuarta Transformación (cualquier cosa que eso signifique), al margen y por su cuenta.

El secretario de Seguridad Pública, un tal Camberos, hace lo que puede, sin lineamientos claros de política interior, y su deriva es directamente proporcional a la crisis de inseguridad que padecemos, se le encuentra aislado.

De los titulares de las áreas sociales poco o nada puede decirse, dada su condición de apéndices del centralismo imperante, sujetos a penurias presupuestales y literalmente pintados en la pared por Verónica Díaz, al mando de los programas sociales prioritarios del gobierno federal.

Ni cómo trabajar unidos.

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En la parte política a Tello no le va mejor en materia de escasa unidad, ni los diputados federales ni los senadores zacatecanos (que son bastantes) le reconocen liderazgo alguno, se manejan por su lado y atienden a sus propias agendas.

Pero con los legisladores locales las cosas parecen ser todavía peores, pues no cuentan ni siquiera con una agenda que responda a los proyectos del gobernador.

Aunque la división interna de Morena, a la sazón de la probada incapacidad del tal Chuy Padilla, junto a los pleitos con sus aliados, al pintoresco estilo de Soledad Luévano y Javier Calzada, poco ayudan para la conformación de un ambiente unitario.

La defectuosa operación con los presidentes municipales sólo alcanza para los acuerdos formales y las fotos de ocasión, en tanto los tres principales alcaldes hacen lo que pueden, cada uno a su entender, y en el caso de Guadalupe, donde hace el ridículo un tal Julio César Chávez, de quien se informó que ya tiró la toalla (última ironía).

Ni cómo trabajar unidos

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Acertijo

Lema: en algunos casos se trata de un enunciado que ni expresa aspiración alguna, ni rige la conducta de alguien.


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