Felipe Handrade Haro
Felipe Handrade Haro

Había una vez un Rey medio torpe, pero en el fondo (muy en el fondo) sentía que era buena onda. Ésta
es una de tantas historias.
PRIMER ACTO (El Rey sufre un ataque)
ESCENA V
–Duque de Tarabilla: ¡Rápido un médico, que el rey se pela para el otro barrio! Ustedes, méndigos,
vayan por un doctor y pélense para otro feudo que si se salva el tripón les corta la cabeza.
(Los guardias corren como cucarachas y salen huyendo).
–Rey: (Abriendo un ojo) ¿Ya se fueron?
–Duque de Tarabilla: Ya, jefe, salieron a madres del palacio. A estas alturas deben de haber salido del
reino.
–Rey: Juar, juar, juar. Lo que tengo que hacer para no pagar indemnizaciones. Pero tengo que disminuir
la plantilla de trabajadores. Pinche austeridad republicana a la que nos ha embarcado el emperador. Yo
me tuve que reducir el salario en 5 ducados.
–Duque de Tarabilla: No sea chilletas, a mí me bajó casi la mitad y no la ando haciendo de tos. Por
cierto ¿por estos trabajos especiales no me va a tocar algún premio? Digo, mi pecho no es bodega y
puedo rajar en los medios lo que hace contra la clase trabajadora.
–Rey: Nada más dices algo y te aplico la guillotina, hijo de Maduro.
–Duque de Tarabilla: Nomás estoy cotorreando, jefe (pinche panzón).

–Rey: Ahora tenemos que pensar seriamente lo que haremos para apoyar al anterior rey. Lo quieren
meter al bote que por corrupción. ¡Méndiga prole ignorante y envidiosa! Ser ahorrador se ha vuelto un
delito.
–Duque de Tarabilla: ¿Ahorrador? Pero, patrón, si se embuchacó la lana del reino a diestra y siniestra.
Usted mismo dijo que como monarca era más largo que un día en canoa. La neta merece calabozo a
pan y agua.
–Rey: ¡Calla, insensato! Fue mi mentor y mucho me ayudó. Mi deber es ayudarlo,
–Duque de Tarabilla: Cuando veas las barbas de tu vecino cortar bla, bla, bla.
–Rey: ¿Me conoces algo o me hablas al tanteo? Hijo del Negro Durazo.
–Duque de Tarabilla: No, chief, pensaba en voz alta, porque nadie tan derecho y honesto como vos. Sois
la mismísima expresión de la honestidad valiente. Es más, ya debería dar el brinco y afiliarse al partido
del emperador. Quién quita y lo trata mejor.
–Rey: ¡Nunca! Hice votos de fidelidad al partido y ahí me quedaré hasta que el altísimo lo decida.
Aunque no es mala idea. Pero no, mi deber es con mi partido y el rey anterior. Debo hacer algo para
ayudarle, porque se le van a dejar venir como jauría. Le traen mucho coraje y no me gustaría verlo en el
calabozo.
–Duque de Tarabilla: ¿Qué le parece si trasladamos una sección especial de las mazmorras a la Casa
Bellagio? Si lo enchiqueran lo mandamos para allá. Así estará a su nivel: salón de estar, jacuzzi, mesa de
billar.
–Rey: No sería mala idea, pero no. Tenemos que buscar que la prole no vaya a lincharlo. Ándale,
méndigo esclavo, ayúdame a pensar qué hacemos.
(El Rey y el Duque se pasean por los jardines del palacio pensando qué hacer. Mientras la reina reparte
muletas de ocote entre la prole).
–Rey: La reina trabaja bien mucho. Eso me agrada.
–Duque de Tarabilla: No sea naco. ¿Bien mucho? Juar, juar, juar,
–Rey: ¿Te burlas de mí? ¡Piensa, qué vamos a hacer! Urge.
–Duque de Tarabilla: Mmmmmmm creo que podemos hacer algo patrón. Pero muy arriesgado y usted
tiene un papel importante. ¿Le entra o -como siempre- le da cus cus?
–Rey: Cuando te brillan los ojos me das miedo, méndigo. Dime. (Continuará)

¡ES UNA PERSECUCIÓN, ES UNA CACERÍA DE BRUJAS, COMO LA QUE YO HICE!


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