Miguel Moctezuma L.
Miguel Moctezuma L.

Esta reflexión pretende, como dice nuestra columna semanal de cada viernes, mostrar el proceso de
desconstrucción de la desposesión material y espiritual, centrada principalmente en la segunda, con el
objeto de que el lector se haga la siguiente interrogación: ¿qué estructura social es la que de manera
cotidiana muestra que mi vida ha sido desposeída espiritualmente y qué puedo hacer como ser humano
para evitarlo?
La civilización no necesariamente fue o es la luz frente a la oscuridad, tampoco es de manera directa el
camino que lleva a la modernidad y con ésta a la verdad científica o el descubrimiento de una vida en
donde el acceso al desarrollo y el derecho a las libertades sea la regla. Aunque esto ha cambiado
radicalmente, existen ejemplos de la historia que muestran una civilización despiadada, colmada de
sufrimiento en la que Francisco Tenamaztle, líder de los caxcanes, llegó a formular con nitidez frente a
lo despiadado de la Conquista Española, la desaparición de derechos de los nativos, la persecución y
exterminio de las comunidades nativas existentes argumentando frente al poder estatal de los
conquistadores, el derecho a la defensa propia como medio para sobrevivir.
Agamben expresa que cuando las personas tienen derechos esenciales que son negados por cualquier
Estado, como la vida, la seguridad, el trabajo, etc., las personas dejan de serlo y son reducidas a puro
cuerpo; cuando eso sucede, se produce una desposesión similar a la muerte, en donde sólo queda el
cuerpo inerme, cuya diferencia en ambos casos consiste en reconocer un cuerpo con vida y otro carente
de ella. Es decir, se reconoce un cuerpo reducido a pura naturaleza y derecho alguno. Para analizar este
proceso de despersonalización o desposesión, Agamben ha tenido que crear un nuevo concepto
llamado nuda vida cuyo contenido es el de un ser que es reducido a puro cuerpo y se le ha arrebatado su
humanidad. Ese tipo de vida es orgánica, existe como cualquier ser vivo, pero, socialmente es
desposeído de su espiritualidad.
Durante la lectura de este autor, he estado repensando que el desarrollo de un nuevo concepto, si
resulta fecundo, como es el caso, tendrá la capacidad de enfocar el análisis en aspectos no analizados y
producir nuevas reflexiones. Plantear así las cosas conlleva hacia una reformulación teórica que permite
develar, en el sentido de “correr el velo” o de mirar la realidad a través de él. Esto es, acuñar un nuevo

concepto convoca a deconstruir los cimientos mismos de esa verdad y a tomarla como proceso
reflexivo, como praxis del pensamiento, cuya duda y cuestionamiento han de convertirse en la fuerza de
abstracción capaz de reformular lo pensado previamente. Por lo demás, esta es la senda fecunda contra
todas las formas de dogmatismo.
La historia está llena de tantas injusticias en los cuales los seres humanos han sido despersonalizados y
han dejado de serlo en nombre de la nación, la ley o los valores supremos. Ejemplos: los esclavos
fueron convertidos en propiedad privada de sus dueños, no fueron considerados personas jurídicas, no
eran ellos mismos; en cambio, los reyes eran vistos como si hubieran sido designados por Dios. En este
caso, los esclavos no fueron desposeídos de reconocimiento alguno, por el contrario, según las normas
y costumbres de la época se creía que nacían sin ningún derecho, salvo el de la vida. En términos de
método esta es la razón por la que es necesario no confundir la justicia con la ley.
Según Bartolomé de las Casas, durante la Conquista Española, los nativos fueron considerados
“salvajes sin alma”. Esta manera de presentar la Conquista fue un violencia material y “espiritual” que le
dio un giro a la historia y que desde el concepto de Agamben es posible reescribirla y reinterpretándola,
concibiendo que los nativos no tenían alma; es decir, a pesar del desarrollo logrado en infraestructura
de comunidades como los aztecas, los conquistadores europeos no los reconocieron como seres
humanos. Sólo así es posible semejante genocidio. Por su parte, la Iglesia hizo su parte, convirtió al
cristianismo como puerta de entrada a la civilización.
Este proceso de desposesión también tocó a los propios cristianos en el mundo. La misma iglesia hizo
lo propio al excomulgar a los pecadores; es decir, al expulsarlos de la protección que les daba la vida
religiosa. Estos ejemplos históricos resultan nítidos al lector, pero, existen otros en los cuales la línea
divisoria no es tan clara.
Los inmigrantes son un ejemplo para reflexionar seriamente sobre la razón por la cual no tienen
derechos. En efecto, los inmigrantes que no logran el estatus de ciudadanos, el estado no les reconoce
derechos plenos.


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