Manuel J. Jáuregui
Manuel J. Jáuregui

Pues resultó que en Nuevo León y en muchas otras partes de México nos quedamos sin abrazos y lo único que vemos son puros balazos.

Trece ejecuciones, más el asesinato y los robos a mano armada del fin de semana en San Petrificado del Miedo recibieron al Presidente López Obrador, quien fue a la capital de Nuevo León a gozar el nuevo Salón de la Fama del Béisbol y de pasadita presidir una reunión de seguridad.

En ella dijo, tras reconocer que ha aumentado la violencia en Nuevo León, que “hace falta tener más elementos, tanto del Ejército, como de la Marina, como de la Policía Federal”.

Hasta donde sabemos, al día de ayer, el ÚNICO que tiene facultades para incrementar la presencia de esos elementos en Nuevo León es el propio Presidente.

Ninguna autoridad local, ni municipal ni estatal puede disponer en lo más mínimo de las fuerzas a las que hace mención el Presidente.

De manera que, al mismo tiempo que acepta la falta de elementos castrenses en la entidad, reconoce que le TOCA A ÉL incrementar su número y de esta manera ayudar a las desbordadas autoridades locales a imponer la paz y el orden en la comunidad.

No hay razón ni motivo por los cuales sea necesario ESPERAR a que se concrete el rollo ese de la Guardia Nacional: el Presidente puede en este mismo instante hablar con los generales, los almirantes y con Herr Obergruppenführer Gertz para de inmediato mandar elementos a Nuevo León.

Si alguien conoce la zona es, precisamente, su Secretario de Defensa, quien antes de serlo fue Jefe de la Cuarta Región Militar, dentro de la cual está la Séptima Zona.

Durante su campaña y su periodo de Mandatario electo en numerosas ocasiones el hoy Presidente empleó el lema “Abrazos, no balazos” como parte de su estrategia de pacificación a base de bajarle al empleo del monopolio de la violencia que le corresponde al Estado.

El resultado de los primeros meses de su gestión, no sólo en Nuevo León, sino en muchas otras zonas del País, es que “los malitos” no entienden por las buenas, pues andan desatados.

Jalisco, Michoacán, Guerrero, más Nuevo León y Tamaulipas, entre otros, están pasando aceite con los elevadísimos niveles de violencia que se han registrado.

Echarle la culpa de los elevados índices de inseguridad a la falta de un consenso legislativo sobre la Guardia Nacional resulta un tanto engañoso.

Primero, él, el Presidente, controla completamente el Congreso, entonces puede pasar la Ley en el momento que quiera y como quiera.

Pero, además, como les decíamos, una cosa no detiene a la otra.

El pleito es si ese nuevo cuerpo “mixto” va a estar bajo mando militar o civil: ¡que escoja el Presidente y se atenga a las consecuencias, punto!

Nadie entiende por qué el Presidente no decide simple y sencillamente coloca la Guardia Nacional bajo la batuta de su Secretario de Seguridad civil, Alfonso Durazo.

¿Para qué lo nombró si no es para eso?

Mientras decide, porque está totalmente en sus manos, nada le cuesta ponerle remedio a la “falta de elementos” en Nuevo León.

Conocer el problema, conocer la solución y no implementarla de inmediato para salvar vidas y restaurar la paz y el orden en el Estado resultaría un tanto irresponsable, nos parece, pues ante la gravedad de la situación actual aplazamientos a soluciones que sabemos que son las requeridas no procede, como tampoco dilatar su aplicación inmediata ante lo cual no cabe pretexto alguno.

Todo indica, pues, que los abrazos debe reservarlos el Señor Presidente para sus cuates, pues los delincuentes no parecen entender otra ley más que la de los balazos, sobre todo siendo el Gobierno el único ente facultado por la Ley -cuando se justifica- para responder a la violencia con violencia.

 

ÁTICO

Nada le cuesta al Presidente poner remedio para que regresen la paz y el orden a los estados donde los malos están desatados.

 

ENTRESACADO

Jalisco, Michoacán, Guerrero, más Nuevo León y Tamaulipas, entre otros, están pasando aceite con los elevadísimos niveles de violencia que se han registrado.

 


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