Enrique Laviada
Enrique Laviada

Esta singular palabra nos remite al conjunto de elementos que conforman un ritual que pretende ser impresionante, suele ser aparatoso e incluye los respectivos elementos decorativos, así como el uso de símbolos, palabras o, en su caso, gestos y ademanes corporales, cuyo objetivo final es el lucimiento de algo, un evento o una persona.

Si algo distinguió al reciente informe del fiscal general del Estado, Francisco Murillo, fue eso, desde su anuncio, la llegada casi triunfal, el acompañamiento (un tanto desencajado) del gobernador, el ajetreo entre las curules de los legisladores, la expectativa generada con anterioridad, los comentarios previos, las dudas que corroen, todo reunido en un mismo acto.

La parafernalia de Murillo incluyó, desde luego, un impresionante despliegue de sus elementos en los alrededores de la sede del Congreso, en pleno centro de la ciudad, lo que provocó la acostumbrada y molesta afectación del tráfico vehicular, en una agitada mañana para los elementos de Tránsito.

Como es costumbre, se incluyó en el evento la movilización forzada de los empleados de la dependencia, en un número más que suficiente como para rellenar las galerías y cuerpear al viejo estilo al funcionario en turno.

No faltaron los comentarios sobre su persona, la abnegación que siempre ha sentido por su trabajo, la devoción que tiene por el cumplimiento de las leyes, su indeclinable compromiso con las instituciones, su valor en el combate a la impunidad y su respeto hacia los valores propios de la legalidad, su vocación de servicio, hasta su modestia y don de gente, seguido esto de un confortable etcétera.

Ahí, en la casa de los diputados, lo que menos tenía importancia eran los diputados, en una edición de la Legislatura estatal que se muestra notable por su bajo nivel y escaso conocimiento de las distintas materias que pudieran ponerse a su distinguida consideración.

Teniendo como fondo el enorme Lábaro Patrio que respalda a la máxima tribuna del estado, plantado ahí, Murillo parecía conforme con el grado de parafernalia que había sido dispuesto para su comparecencia, con esa convicción cruzó miradas con los asistentes y sus distinguidos invitados, luego de lo cual se dirigió al titular del Ejecutivo para hacer la entrega por escrito de su informe, escuchó el “posicionamiento” de los distintos grupos parlamentarios, a la manera en la que se hace en los informes de gobierno, en ambos casos debidamente revestidos de pluralidad y en un ambiente democrático.

Se explicó qué es y qué papel juega la nueva fiscalía autónoma con las correspondientes propuestas legislativas dadas sus relativas reformas considerando el equilibrio entre los Poderes, tanto como el Internet y su impacto en las formas de vida, además del robustecimiento de las instituciones que incluyen el compromiso irrestricto con el estado de derecho que obliga a desplegar un programa de capacitación y formación de acuerdo con los distintos tipos de procedimiento y la práctica procesal que componen en su conjunto el comportamiento de la judicialización para lograr las debidas sentencias condenatorias con apego a los protocolos y las normas establecidas lo mismo en el caso de los delitos de fuero común los de alto impacto y el combate a la corrupción dentro de un modelo de persecución penal estratégica más cercano a la búsqueda de la felicidad que a la de la riqueza o la fama o el placer (Murillo dixit).

Lo anterior, convenientemente aderezado con algunas cifras, para dejar constancia del lugar y la gran importancia que dentro de la parafernalia queda reservada a la numeralia, un tanto lejos de la realidad, la penosa, la que vive y percibe la gente común, los no convocados, los que tienen miedo, a los delincuentes y a los policías, que están inconformes, que han sufrido los estragos de la violencia y detestan el enorme grado de impunidad en el que nos encontramos, lejos, pues, de la parafernalia.

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Acertijo

Es ironía sin paréntesis.


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