Enrique Laviada
Enrique Laviada

Fue el alcalde morenista de la capital, Ulises Mejía, quien armó tremendo revuelo con su convocatoria a que personas de un mismo sexo pudiesen contraer nupcias, aquí, sin necesidad de portar en el bolsillo un amparo legal, dado que en la entidad aún no existe legislación al respecto.
A pesar de la reticencia del veterano juez del Registro Civil, don Rafael Pedroza, el joven mandatario no cejó en su determinación e instruyó a su secretario del Ayuntamiento para que asumiera la responsabilidad de hacerlo, gracias a las facultades que la ley otorga, de modo que el asunto subió de tono y se convirtió en uno de los temas favoritos en sobremesas en los más variados ambientes.
A Ulises le asiste la convicción de una izquierda moderna que incorpora en su programa las demandas y reivindicaciones de la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual y Transgénero (LGBTT, hasta donde vamos) como ha sucedido en la capital del país hace ya bastante tiempo y en todas partes del mundo en donde esa corriente hace gobierno.
Se trata de la idea de lograr la “libertad de todos, en todo” lo cual incluye, desde luego, las preferencias sexuales y las distintas concepciones del amor y de la familia, de acuerdo con una multicolor forma de ver el mundo actual.
Esa forma de pensar se aleja, como es natural, de los preceptos tradicionales, las formas estereotipadas y dogmas similares que durante siglos fueron dominantes y seguidos en forma lineal e inapelable, a pesar de que las “otras” formas de relación entre los seres humanos existieran de manera subrepticia o clandestina, frecuentemente sometidas al escarnio, la repulsa e, incluso, la represión.
No resulta extraño que el obispo de Zacatecas, Sigifredo Noriega, en su calidad de vicario y representante de los valores de la Iglesia católica se opusiera abierta y francamente a la medida tomada por el alcalde Mejía, pues eso corresponde, precisamente, a la confrontación de dos ideas distintas, las que por suerte podemos contrastar en forma civilizada y sin desgarramientos.
Apenas ayer, los grupos que abogan por la libertad sexual y los derechos civiles de las personas que integran esa comunidad han dado formal respuesta mediante una iniciativa de ley, que ha hecho suya la bancada de Morena en el Congreso local, con el fin de establecer un marco jurídico, claro.
El alcalde de Fresnillo, Saúl Monreal, hizo mutis y prefirió no opinar, ateniéndose a una futura acción legislativa, y mejor cambió de tema.
Pero a favor de lo dicho por el obispo sí se colocó el gobernador Alejandro Tello, quien a título personal, aclaró, está en completo desacuerdo con la existencia de matrimonios entre personas de un mismo sexo, matizada por aquello de que como gobernante sería respetuoso de lo que legislativamente fuera acordado en el futuro.
La expresión más apresurada de apoyo al gobernador ha venido de su esposa, Cristina Rodríguez, cuyas manifestaciones de tipo religioso (muy católicas) son de sobra conocidas y frecuentes, por cierto, mucho más contundentes en lo que a su conservadurismo y tradicionalismo se refiere.
La pareja gobernante se interpone, digamos, como el principal dique a la iniciativa de la izquierda que representa Ulises Mejía, en una especie de duelo de ideas que, al final, puede ser útil para animar el debate público, abierto y sincero, dejando atrás los prejuicios, las maledicencias y chismorreos, que nada aportan, excepto oscuridad y retraso cultural y social.
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Acertijo
La moral no se impone, se comparte.


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