Alberto Chiu
Alberto Chiu

Según informaron ayer, finalizó con todo éxito el primer operativo mediante el que le empezaron a entregar los recursos (la lana) a unos 100 mil zacatecanos adultos mayores, mediante el programa llamado “Pensión para el bienestar”. Serán entregados, cada dos meses, unos 2 mil 500 pesos a esos abuelitos zacatecanos, para ayudarles a su sostén, y los primeros recursos los repartieron con la llamada “Tarjeta del Bienestar”, además de giros domiciliados intercambiables.
Pero además de los abuelitos que podrán mostrar su contento por recibir esta lana (que sin duda a muchos sí les servirá, debido a las precarias condiciones de vida que padecen), hay muchos otros sectores de la población que ya están a la expectativa de lo mismo, y justamente eso está provocando un fenómeno que apenas empiezan a registrar las redes sociales.
Ese fenómeno, dicen, es el del cambio de actitudes que ha provocado, en una buena parte de la población, el “espíritu dadivoso y despilfarrador” del presidente López Obrador, quien ya dio muestras de que efectivamente empezará (o más bien, ya empezó) a soltar dinero a diestra y siniestra.
Así como con las personas adultas mayores, dicen los analistas de redes sociales que también ya muchos jóvenes ninis están a la expectativa de “a ver cuándo llega mi dinero de Morena”: e igual pasa con las madres solteras, los desempleados, los estudiantes de sus nuevas Universidades para el Bienestar, los papás de niños de guardería o estancia infantil… etcétera.
No sé hasta qué punto sea cierta esa percepción de que ya medio mundo está nomás a la espera del dinero que, aparentemente, sienten que les fue prometido por el presidente de la República. Ni sé tampoco cómo es posible que tan alto número de población esté dispuesta, en la práctica, a depender del gobierno, cuando precisamente del gobierno han sido sus principales quejas desde hace años.
Pero el sentimiento persiste, y lo único que parece tener importancia en este momento es que la repartidera de recursos “salpique” a todos, o por lo menos a la mayoría, y que no se vea que hay privilegios para unos cuantos, ni que se le dan prebendas a los poderosos dueños de los capitales internacionales. Ah, pero si es para la raza, pues bienvenida sea la bendita repartición, no importa que se acaben los recursos, ni que dejen de destinarse a cosas, obras, programas importantes.
Me parece riesgoso, en grado extremo, que la esperanza de cambio que tiene la gente esté cifrada en ver que se cumpla la promesa de que les llegará dinero, y no en la transformación de las instituciones desde dentro y desde la sociedad, porque entonces estaremos siendo testigos (y actores) de una monumental y descarada compra de voluntades que, sin duda, tendrá efectos catastróficos en las próximas elecciones.


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