Alberto Chiu
Alberto Chiu

Ayer, en una de las sesiones del Congreso local, escuchaba al diputado morenista Omar Carrera Pérez reclamar que, lamentablemente, tienen dos semanas desde que se la comisión de Transparencia le mandó a la Comisión de Régimen Interno y Concertación Política el dictamen sobre el próximo nuevo nombramiento de comisionado del IAZI, y ésta comisión no se ha dignado ni siquiera a reunirse para revisar el documento.

Ese simple dato, soltado a manera de reclamo político (digo, tampoco es una exhortativa urgente a que sus compañeros se pongan a trabajar de a deveras), nos puede dar una idea muy buena de que hay asuntos en los que nuestros diputados parecen no tener interés, sin importar qué tan relevantes sean per se. Y el nombramiento de un nuevo comisionado en el IZAI a mí sí me parece importante, siendo la transparencia –en este momento– uno de los valores que más defienden todos los gobiernos.

Pero lo mismo puede pasar en otros asuntos, como la iniciativa que tocaría el matrimonio igualitario, o alguna iniciativa sobre modificaciones de códigos legales para ampliar las penas a quienes atenten contra las mujeres o contra los menores, etcétera. Eso sí, tienen la pluma lista y la lengua presta para lanzar, a diestra y siniestra, los muy socorridos “exhortos” a todo mundo: al gobernador, a los presidentes municipales, a las autoridades de seguridad, al fiscal, y hasta al presidente López Obrador.

¿En qué se entretienen, pues, nuestros diputados, cuando hay tantos asuntos pendientes en sus escritorios y en los análisis de sus equipos de trabajo? En pelearse en la tribuna (que no es lo mismo que debatir, conste, hay un mundo de diferencia), en ponerse de acuerdo para ocupar posiciones de cierto “poder” en la propia Legislatura, en negociar y renegociar ventajas para sí o para sus fracciones legislativas con el Ejecutivo y viceversa… al parecer, en muchas cosas se entretienen.

Los entretelones de la Legislatura local (y no sólo la actual, sino prácticamente todas las que han pasado por ahí), de acuerdo con quienes ahí prácticamente viven, son una imperfecta y curiosa danza de intereses personales, aderezados con intereses partidistas, cuyo único objetivo es, precisamente, beneficiarse de manera individual o partidistamente colectiva, a cambio de la cesión de ciertos controles o de ciertas tajadas de recursos.

Incluso quienes luego presumen –mediante boletines pagados– de ir a visitar las comunidades que conforman el distrito que dicen representar, muy a menudo lo hacen más con el objetivo de hacer “campaña” sin que sea “campaña” y fijarse en la preferencia de los ciudadanos… por si se ofrece luego aparecer en alguna boleta.

En eso y muchas cosas más, señalan quienes los conocen, se entretienen nuestros diputados, relegando muchas veces el trabajo legislativo a segundo o tercer plano, logrando con su desinterés acumular rezagos y entorpecer, de facto, el acceso a leyes más justas o más cercanas a la realidad en que vive la ciudadanía, esa ciudadanía de la que ellos parecen alejarse.


Nuestros lectores comentan

  1. Pues por una foto que ustedes mismos publican hoy nos damos cuenta que no les importa nada a esos parásitos. Una mujer no suelta su celular mientras levanta perezosamente su mano para aprobar un acuerdo, y los demás con una cara de fastidio hacen lo propio. Que poca madre, por lo menos que desquiten lo que ganan y si no tienen idea de su responsabilidad en esa encomienda mejor que se larguen ya.