Enrique Laviada
Enrique Laviada

Seguramente se enteró usted, estimado lector, que amanecimos esta semana con múltiples problemas, enigmas, disyuntivas, tragedias y otras desgracias, sin que hasta el momento sepamos qué tanto se le ha enterado al gobernador, Alejandro Tello, acerca de sus pormenores y detalles.

Nos pone de puntas que el titular del Ejecutivo no se encuentre al tanto de lo que sucede, por la elemental razón de que debería estar informado, muy temprano, de las noticias del día, incluidas las ejecuciones, secuestros, descuartizados, asaltos y otros anecdóticos pasajes del tiempo que corre en nuestra entidad.

Pero no necesariamente resulta que el gobernador se encuentre enterado, por obra y gracia de sus afanosos encargados del ocultamiento oficial de todo cuanto convenga ocultar.

Aún más: recientemente observamos la frecuente práctica de ocultar al gobernador de todo aquello de lo que debe ser ocultado, en una de las peores formas de enfrentar la nueva realidad que vive el país y sus repercusiones en el ámbito local.

De ese modo, los genios de la imagen gubernamental, encargados de resolver los desajustes de un aminorado Alejandro Tello, buscan sin descanso dejarlo fuera de los apremios, las amenazas y los conjuros negativos propios del entorno actual, tan complicado y terriblemente azaroso.

Quizá sea por eso que vemos aparecer temprano al gobernador, en un acto cívico, casi escolar, para luego esfumarse de la escena pública y más tarde aparecer con cualquier pretexto en los boletines oficiales, siempre de manera un tanto absurda y fuera de toda lógica o disciplina en su agenda.

Por eso, a Tello se le puede reportar enfermo, ausente, lejano, viajero, sin que existan razones suficientes como para explicarlo, en un sentido práctico, es decir, en la media en que esas ausencias representen algún valor o ventaja o beneficio efectivo para la sociedad zacatecana.

Esto es: el gobernador se encuentra ausente y en balde.

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No debería sorprender que Tello prefiera ocultarse, antes que aparecer en escena, luego de los negativos resultados obtenidos en los últimos días, durante los cuales los problemas han sido mayores que las personas encargadas de resolverlos.

Lo que no saben los asesores de imagen del gobernador (o no se lo quieren decir) es que la ausencia o la omisión tienen mayores costos que cualquier otra cosa, ya sea buena o mala.

Esto es: el gobernador se encuentra distante y en balde.

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Y eso es causa de un poco de compresión, digo, debido a la evidente orfandad política de Tello, hasta hace poco posible de ocultar, a lo mejor hasta buena para su causa personal, pero al final del día inocultable.

Las fotos del nonagésimo aniversario del PRI muestran a un gobernador exhausto, cansado, fastidiado de protagonizar un papel que nunca quiso, a menos de que la obra fuese portentosa, ovacionada, aún antes de empezar, sin mérito alguno, o sea, por obra y gracia de la amistad y de los valores tradicionales de la provincia, y sin más por el momento.

Esto es: el gobernador se encuentra en su sitio.

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Acertijo

No podía ser de otro modo.


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