Enrique Laviada
Enrique Laviada

Han sido varias las ocasiones y formas con las que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha intentado desmarcarse de los abucheos sufridos en los estados por gobernadores, en todos los casos, provenientes de partidos distintos al suyo, por cierto, no de manera muy convincente.

Sobre todo porque se ha filtrado en los medios una circular, algo así como salida del “manual de las malas costumbres en política”, con el membrete de Morena, en el que se indica de manera categórica que al anunciar el nombre del “mandatario estatal de oposición (sic) es obligatorio emitir sonidos y gritos de desaprobación”, lo que supongo terminará por convertirse en una de las más patéticas indicaciones del aparato en el poder.

No me sorprende que el presidente haya reaccionado, inicialmente, acudiendo a una justificación “opositora”: “es complicado, no es que lo dirija un partido… el pueblo tiene hambre y sed de justicia, hay muchas demandas…. muchos quieren que se les atienda y ser escuchados”, sin tomar en sus manos la crítica necesaria a semejantes prácticas, a todas luces inducidas.

Poco después el presidente debió rectificar, a su manera, para concluir que se trataba de “infantilismo político”, luego de lo cual se produjo el pertinente llamado a evitarlo y a la unidad y a que todos se comportaran con respeto, en el entendido de que las diferencias forman parte de una cultura de la pluralidad de la que no debemos apartarnos.

Me parece que, en efecto, el “camino del abucheo”, ordenado por los jerarcas morenistas no aporta más que atraso, pero también es revelador respecto de que en el partido que gobierna la República no terminan de entender que ya están en el poder y deberían conducirse con la seriedad y la responsabilidad que de ello se deriva, sobre todo cuando se afirma, una y otra vez, que “estamos dentro de una Cuarta Transformación”, algo que debería incluir un comportamiento y propuestas mayormente democráticas y no esta caricatura autoritaria que nos obsequian en su circular.

Por cierto, la repulsa popular a los gobernadores (aquí entra el caso de Alejandro Tello) francamente no creo que requiera de tutoría alguna, ni que los delegados del presidente actúen en los estados como “Comisarios del Pueblo” para organizar arengas o mostrar el “camino del abucheo”, esto es, si la gente requiere de expresarse, en cualquier sentido, más vale respetar su determinación, insisto, en cualquier sentido.

En otras palabras, si Tello no está muy bien posicionado en el ánimo de los ciudadanos de su estado, salen de sobra las indicaciones hechas por medio de una “circular”, y supongo que a Verónica Díaz tampoco le son indispensables para realizar su trabajo y menos para relacionarse con el gobierno local, sea bueno, regular o malo, que por cierto aquí aplica, como se sabe, lo último.

Y ni modo, tiene razón López Obrador cuando dice: “falta más desarrollo político arriba” (se refiere a los dirigentes), y con mayor razón, agregaría, entre los dirigentes de Morena, ahí es donde se encuentra el meollo del asunto: que de una vez por todas entiendan que son el partido que gobierna el cambio, dicho con todo respeto, como suele acotar el presidente, y por el bien del país.

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Acertijo

La libertad de expresión queda a salvo.


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