ALEJANDRO CASTAÑEDA / Periodista, NTR Medios de Comunicación
ALEJANDRO CASTAÑEDA / Periodista, NTR Medios de Comunicación

La muñeca más famosa y vendida en todo el mundo sin duda es Barbie, que nació como un proyecto de Mattel en los años 50, como un juguete innovador para las niñas. Sin embargo, aún es polémica su influencia para mantener roles de género, cosificar a la mujer y fijar “cómo deben ser ellas en la era moderna”.

Cristela Trejo Ortiz, abogada y activista por los derechos de los menores, considera que la diversidad que ha mostrado la marca en los últimos años, con la adopción de distintas razas y complexiones en su modelo, atiende más a una demanda de mercado que a una verdadera inclusión.

“Es gravísimo lo que hemos permitido en un mundo globalizado, porque, además de estar con una carga de estereotipos de lo que debe ser una mujer, se es un objeto de consumo”, afirma la especialista en temas de género.

Hasta la actualidad, Barbie ha “ejercido” más de 180 profesiones desde su nacimiento, como una réplica de la muñeca sexualizada Lilli, que era parte de las tiras cómicas de los periódicos de la Europa de los años 50. Trejo Ortiz considera que, aunque Barbie no es la misma que en ese entonces, puesto que ya se puede ver a la muñeca hasta en silla de ruedas, “sigue siendo la mujer como objeto de consumo”.

En contraste, la creadora de la muñeca, Ruth Handler, afirmaba que rompió mundo donde sólo se fabricaban juguetes para niños, aun cuando Barbie estuvo cargada de estereotipos sobre la mujer desde sus inicios.

En la serie documental Toys that made us, de Netflix, se aborda el nacimiento de Barbie, que en más de una ocasión fue rechazada por tener pechos y ser “una mujer sola”.

Después de ser aprobada por Mattel, el primer comercial oficial para televisión estadounidense terminaba con Barbie vestida de novia, esto para tener la aprobación de las mamás de ese tiempo. “Desde entonces se impone ese modelo de que eres parte de este mundo, pero como objeto, no como sujeta de derechos”, reprocha Trejo Ortiz.

La también catedrática asegura que los juguetes están impuestos por una mirada adulta, lo que considera grave, ya que se fomenta que el niño sea un adulto, sin considerar las necesidades para su óptimo desarrollo. “La niñez está totalmente invisible, porque éste es un mundo de adultos, no se respetan los derechos de los niñas y las niñas, y esto incluye el juego”, afirma.

Explicó que el juego debe aportar al desarrollo intelectual, social, emocional y físico, pero está cargado de estereotipos tanto para niños como niñas. “Tienes que hacer esto para que en tu función de adulta lo hagas. El juego es formativo: prepara a los niños para que sean tal cosa”, aseveró.

Cristela Trejo precisa que, en el caso específico de las niñas, juguetes como Barbie y otros contribuyen a que mentalicen que deben ser amas de casa y mamás, “arregladas” para un hombre. El pensamiento de la empresa Mattel sobre la marca Barbie es el mismo de sus inicios: vender con una supuesta apertura a la diversidad, pero sigue manteniendo los estereotipos sobre cómo debe ser la mujer.

“Simplemente está evolucionando el estereotipo sobre lo que se vaya necesitando, seguir con que las niñas se reconozcan y adquieran un rol para el mundo adulto”, asegura Trejo Ortiz.

Es en 1961 cuando Barbie adquiere un compañero que la va a acompañar por el resto de su vida: Ken, que a la par de ella ejerce diversas profesiones. Para Trejo Ortiz, “Ken nace como esa necesidad de tener un hombre, para tener una familia aparentemente normal, ya después vienen la versión embarazada, los hijitos y se refuerzan los estereotipos de género”.

Sin embargo, desde aquellos tiempos, Barbie maneja un lema para su público: “Sé lo que quieras ser”. Con esta frase se comienza a ver a la muñeca como un juguete que invitaba a las niñas a soñar con estudiar para alcanzar una profesión, aunque todavía seguía como la chica blanca y rubia, sin diversidad, porque la estrategia de mercado se dirigía a la clase media de los Estados Unidos.

La mirada de la primera Barbie, como la de la mayoría de las obras de arte del mundo antiguo, era de sumisión y hacía un costado. No fue sino hasta 1970 que fijaron sus ojos al frente. En Toy that made us se equipara este cambio con la mirada de Olympia de Manet, ya que a partir de ahí la transformación fue constante, dirigida hacia una supuesta apertura.

La mercadotecnia de Mattel siguió usando frases como “Podemos hacerlo”, del “I can do it” de la Segunda Guerra Mundial, a fin de mostrar a Barbie como una herramienta de empoderamiento de las niñas.

“No me extrañaría que en un tiempo más salga una Barbie que tiene una pareja mujer, porque es lo que vendería. Se aprovecharían hasta de esta ola de feminismo que se vive a nivel internacional”, asegura Trejo Ortiz.

Aunque siempre fue blanco de críticas, Barbie recibió comentarios más intensificados durante la década de los 80, cuando Mattel sacó al mercado una versión juvenil repleta de frases que despreciaban la capacidad intelectual de la mujer como: “no entiendo las matemáticas”. Esta afrenta de asociaciones feministas y la falta de ideas del grupo creativo, integrado ya no por mujeres sino hombres, ocasionaron el primer descenso en las ventas.

Cristela Trejo, como defensora de los derechos de los niños y niñas, insiste que en una sociedad tan consumista como la actual se deja de lado el interés y las necesidades verdaderas de la niñez, tanto de hombres como de mujeres, pues se impone la visión adulta.

Barbie funge como un entrenamiento para ser una mujer actual: debe estudiar, tener una pareja, atender las labores domésticas, maquillarse, mantener una figura estilizada y, todavía, ser proveedora. Ahora no solamente está dirigida a un sector en específico, pues también se tiene el discurso de que los niños pueden jugar con la muñeca.

En conclusión, la apertura y diversificación tienen una meta específica: continuar liderando un mercado que por décadas le ha pertenecido y seguir vendiendo.


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