Enrique Laviada
Enrique Laviada

Salieron a las calles los integrantes del sindicato minero en Fresnillo para reclamar al IMSS por la pésima atención que dan a quienes requieren de atención médica, ya sea familiar o por lamentables casos de emergencia. Su enojo fue visible y creo que entendible por muchas razones.

En sus pancartas y gritos la exigencia de “un trato digno” parece representativa de todos quienes tienen derecho a recibir un servicio médico de calidad en instituciones públicas que deberían ser ejemplo de ética y vocación social.

Las aportaciones de las empresas y de los propios trabajadores, siendo tan cuantiosas, no corresponden a la capacidad instalada y la infraestructura o los recursos técnicos ni materiales que se requieren para atender a los empleados, quienes se ven frecuentemente obligados a sacrificar aún más sus ingresos atendiéndose en consultorios, clínicas y hospitales privados.

La protesta de los mineros esta vez contó con la simpatía de la población, pues al parecer nadie se siente conforme con los servicios públicos de salud, y es de esperarse que el tono suba al abordarse casos muy tristes de posible negligencia que han costado vidas o causado daños, a veces, irreparables.

Son graves y penosos muchos expedientes que ya se ventilan en la comisión encargada de preservar los derechos humanos en el estado, y cuyas consecuencias podrían abrir un debate público que resulta, a estas alturas, necesario e indispensable.

Pero también se tiene que considerar el otro lado de la moneda, es decir, las terribles condiciones de trabajo, las excesivas cargas y sufrimientos de médicos, enfermeras y trabajadores de la salud, muchos de ellos, es posible que la mayoría, hacen su labor con entrega y a veces hasta con heroísmo.

Creo que basta con pisar una sala de emergencias, un laboratorio o los quirófanos de cualquier hospital público para constatar cómo los médicos, literalmente, se la rifan para cumplir con su misión en las peores condiciones.

Hace poco la prensa nacional dio cuenta de cómo en distintos centros hospitalarios se llega a extremos como improvisar equipos usando cualquier material, a falta de los que ahí deberían estar y funcionar normalmente.

Además, se sabe que la corrupción, cuando se trata de la salud, resulta aún más oprobiosa e inadmisible, porque se trata de vidas humanas en juego, algo que la gente espera tenga pronta y satisfactoria solución, ya no es posible seguir igual, ahí el cambio es un caso de urgencia, y ésos no esperan.

Aunque nadie atendió a los mineros en su protesta, se espera que el nuevo delegado de la institución en Zacatecas, Manuel Cavazos, demuestre sensibilidad y sencillez para enfrentar los problemas, tal y como nos dicen fueron las instrucciones que recibió del nuevo gobierno, sólo falta ver si sabe y puede hacerlo, lo que nos dicen es que está a prueba.

………………………………….

Acertijo

A su buena salud.


Los comentarios están cerrados.