Alberto Chiu
Alberto Chiu

La propuesta de los diputados federales de Morena, Tatiana Clouthier y Mario Delgado, en el sentido de lanzar una iniciativa que pretende bajarle a la mitad las prerrogativas que reciben los partidos políticos, fue recibida –naturalmente– con caras largas, recelo y rechazo de parte de los propios partidos, bajo el argumento de que semejante recorte a su dinero atenta contra la vida democrática de este país.

¿Cómo es que atenta contra la democracia? Todavía no lo tengo claro.

Pero lo que sí tengo claro es que una gran parte de la población coincide en una cosa: hay mucha gente que vive de los partidos políticos, gracias a todas las prerrogativas que se llevan año con año, y que al menos en la percepción ciudadana, se asemeja más a una vida de lujo sin haberla merecido, totalmente distinta de aquella que logra alcanzar un trabajador luego de años de enorme esfuerzo.

Los partidos se han convertido, a lo largo de nuestra historia, en una especie de “paraíso laboral” donde hay una cúpula de personas a las que les va insuperablemente bien (sueldos, prestaciones, prebendas, derechos de picaporte ante otras autoridades, etcétera), mientras hay también una “base” que hace la talacha (sobre todo la electoral) que se contenta, muy a menudo, con unas cuantas despensas y material de construcción.

¿Por qué siguen ahí, entonces todos esos que están en la “base” del partido? A decir de algunos observadores especializados, siguen ahí porque su chamba es, ante todo, aspiracional. Aspiran a un día ser parte de los políticos profesionales que reciben todas aquellas prebendas citadas arriba y otras más.

¿A quién no le gustaría ser como tal o cual presidente o secretario de cualquier partido político? La aspiración es grande y muchas veces por eso los militantes hacen lo que hacen.

Pero volviendo al punto de los dineros, es obvio que un recorte de prerrogativas de semejante magnitud les afectaría a los partidos políticos, tanto en infraestructura como en estructura, y acaso también las “fuentes de empleo” que sostienen muchas familias en este momento.

Aceptemos pues las cosas como son: hay mucha gente que piensa que los partidos políticos están rechazando y renegando de la intentona de recortarles el dinero público, por la sencilla razón de que es su modus vivendi cómodo, muy cómodo, en el que poco importan en realidad las filias y las fobias partidistas o la formación ideológica. Son pues, los partidos políticos, una chamba (a veces muy bien remunerada) y punto.

Que con lo eliminado y ahorrado de estos presupuestos recortados se podrían mejorar programas sociales… no lo sabemos. Eso depende de otros factores y de que haya al menos cierto grado de honestidad en su aplicación y destino. Por lo pronto, deberán ellos reflexionar cómo es que hay tanto ciudadano exigiendo que ya no haya más políticos vividores…


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