LORENA GUTIÉRREZ / NTR Medios de Comunicación
LORENA GUTIÉRREZ / NTR Medios de Comunicación

Por primera vez vi una Barbie distinta en los anaqueles, casi tres décadas después de conocerla. La encontré en Walmart: más ancha, menos alta, sin tacones. Decenas de cajas rosas estaban acomodadas en un estante especial en la juguetería y volvían al protagonismo tras años de ser relegadas en espacios escondidos de este departamento. Recorrí rápidamente las repisas y me encontré con morenas, castañas, afroamericanas, pelirrojas y asiáticas. No me sorprendieron los accesorios, pues el currículum puede extenderse fácilmente para quien ya ha desempeñado más de 180 profesiones en sus 60 años de vida.

Este año, la muñeca más famosa festeja su aniversario reforzando la campaña que ha impulsado desde 2016, cuando lanzó la línea La Evolución de Barbie, con tallas diferentes a la clásica figura estilizada y siete tonos de piel. Ésta llegó tarde y con pocas energías a Zacatecas. En 2018, y con motivo del Día de la Mujer, se presentó una serie de 17 “modelos a seguir”, que incluyó a Frida Kahlo, retirada del mercado por controversia con la familia de la artista, y la modelo Ashley Graham, entre otras destacadas mujeres de distintas generaciones. La colección Fashionistas 2019 anunció muñecas con prótesis y aparatos para personas con discapacidad. Además, en convenio con National Geographic, nuevos productos se enfocarán en la ciencia y la investigación. Hasta ahora, Barbie mantiene paso firme para la inclusión y la apertura de miras.

Estudios de Mattel, empresa que comercializa a la muñeca, revelaron una preocupación cada vez mayor entre las madres por los patrones de conducta a los que exponen a sus hijas y que reproducen estereotipos de género. El enemigo podría estar donde menos se piensa. La glamurosa Barbie resultó ser una mala influencia para las pequeñas, sin importar que portara un traje de astronauta (1965) o una bata de cirujana (1973), que condujera un auto en Nascar (1998) o llegara a la Casa Blanca, como presidenta de Estados Unidos (2000). Ni el mejor perfil de Linkedin le valió mientras fuera la misma chica delgada, rubia, alta y de clase acomodada, con sospechas de posesión del espíritu de Regina George, de Chicas Pesadas, dentro de una figura 91-46-84.

En la época del empoderamiento femenino, los minitacones rosas perdieron popularidad y Barbie fue en picada desde 2012, cuando facturó mil 250 millones de dólares estadounidenses, hasta su caída más baja en 2015, con 905 millones en ventas. Entonces Mattel priorizó a las princesas Disney, quizá menos juzgadas como juguetes que Barbie, y a las Súper Heroínas de DC, un guiño para quienes exigían reconocer el poder femenino. No fue una buena temporada para la chica plástica.

Crecí en la época de Barbie Girl, de Aqua (1997), y lo digo sin vergüenza. La revista Rolling Stone calificó a la pegajosa canción pop como una de las peores del género, aunque haya ocupado los primeros lugares del top ten en Europa, principalmente. Antes de los ajustados trajes de Katy Perry y en el año de la muerte de Lady Di, la cantante Lene Nystrøm personificó a Barbie sin necesidad de teñirse de rubio y con un Ken calvo, interpretado por René Dif, también integrante de Aqua. El chillante video conjuga elementos de la versión más chic de la década de los 90: el plástico, la animación, la fiesta, el exceso de gel y la espantosa ropa.

Pero la letra de Barbie Girl encasilla a la muñeca en un sólo papel, el que más le perjudicó: “Puedes tocar, puedes jugar, si me dices: siempre seré tuyo”. Con una voz castrante, la protagonista del video musical permanece sumisa y en papeles que, aunque infantiles, son sexualizados. Mattel demandó a Aqua por el uso irregular de la marca; sin embargo, después se valió de la canción para promocionar a la muñeca. Del mensaje de los noruego-daneses, rescato sólo: “la vida es tu creación”.

Ésa ha sido la ruta de la transformación de Barbie a partir de la segunda década del nuevo milenio. La muñeca “siempre ha representado a una mujer que elige por sí misma”, de acuerdo con su creadora, Ruth Handler. Fiel al eslogan “Sé lo que quieras ser” y al característico color rosado, la estrategia logró consolidarse en octubre de 2018, cuando la marca lanzó la campaña global Cerrando la brecha de los sueños, para romper con aquella edad clave, a los 5 años, en la que las niñas empiezan a perder la confianza en sus capacidades. El más reciente programa escolar de la marca, “Yo puedo ser”, busca valorar el papel de las mujeres en distintas disciplinas y que nuevos nombres de personajes femeninos aparezcan en los libros de historia. Las bases estaban sentadas: diversificación, apropiación de la imagen de mujeres icónicas, financiamiento de investigaciones para desarrollar el potencial de las niñas y orientación para padres abrumados por una crianza más exigente en forma y fondo.

El resultado fue el inicio de la recuperación de la confianza de nuevas generaciones, con el respaldo de “60 años inspirando niñas”. Las ventas subieron 14 por ciento en el último año. La figura venida de la era analógica, como blanco de todo lo que las feministas denuncian, caminó hacia el empoderamiento con y sin tacones. Esto no quiere decir que a Barbie se le perdonara inmediatamente por necesitar a un hombre en su vida, ser ama de casa o afirmar que las matemáticas son difíciles. Aún resuena el “no me preguntes, sólo soy una chica”, de la parodia Stacy Malibú, en Los Simpson. Tras la vorágine mercadotécnica, las expectativas son muchas ante el anuncio de una película con la encarnación de Barbie en la australiana Margot Robbie, pese al poco éxito de la trayectoria fílmica de la marca. Lástima que la modelo y actriz sea, a final de cuentas, la misma versión rubia y de ojos claros de la muñeca.

 


Los comentarios están cerrados.