Alberto Chiu
Alberto Chiu

Resulta difícil no volver sobre los propios pasos para revisar, otra vez, los números y las circunstancias que nos receta la realidad; ejecutados, escenas macabras de cuerpos desmembrados, persecuciones, balaceras, y en el colmo de la impunidad, hechos como el de anoche: un ataque en plena Alameda de Zacatecas que deja a una persona muerta, sin que se haya dado con los responsables.

En muchos de los casos de delitos de alto impacto, como los descritos arriba, lamentablemente el punto en común es el mismo: casi nunca se atrapa a los presuntos responsables.

Alguna razón debe haber: quizás tenemos demasiado pocos policías; quizá los criminales se han profesionalizado a tal grado que nuestros pocos policías no pueden localizarlos; tal vez nuestra tecnología no es lo suficientemente avanzada para obtener más resultados; acaso nuestro sistema de inteligencia (el oficial) está más que rebasado por el de la delincuencia…

Como quiera que sea, ya llegará mañana (martes) la oportunidad de que el titular de la Seguridad Pública del estado asegure, en su conferencia de prensa de cada martes, que gracias al señor gobernador y a sus políticas públicas de seguridad, se avanza de manera contundente contra la delincuencia… y más bla, bla, bla.

Sin embargo, como siempre la realidad se encarga de poner en su lugar las cosas y, ante palabras que cada vez suenan más huecas –a fuerza de tanto repetirlas, sin sustento– la sociedad sigue percibiendo que la cosa no va bien, y que no se puede estar tan seguro en la ciudad, en el corazón de nuestra casa, cuando un par de mozalbetes son capaces de traer consigo un rifle de asalto y así, sin más, disparar y matar a cualquier persona, para luego huir y perderse entre los callejones, esos mismos callejones que caminan los turistas siguiendo al burrito con el mezcal.

Siempre había pensado que, de cierta manera, el trazo mismo de la ciudad sería un obstáculo para cometer asaltos u otro tipo de crímenes, pues es relativamente fácil cercar vigilancias por callejones, subidas y bajadas, como para atrapar a cualquier delincuente. Ya no lo pienso así, sino al revés: parece que son los criminales quienes sí conocen ese trazo, y lo usan a su favor para escapar luego de cometer crímenes. ¿Por qué los cuerpos de seguridad no?

Y eso, sólo hablando de lo que pasó en la Alameda anoche. Porque aunque por otra parte, los cuerpos de cuatro personas descuartizadas hayan sido encontradas al inicio del fin de semana en distintos municipios, curiosamente el impacto psicológico en la gente es el mismo: infunde temor, preocupación, etcétera. Sí, me van a repetir que es sólo percepción… pero los números ahí están y esos siguen siendo igual de fríos. Y la estadística nos sigue poniendo en los peores lugares de inseguridad.

¿Hasta cuándo van a seguir negando la realidad y pretendiendo que vivimos en un mundo color de rosa? En estos últimos días, he visto montones de manifestaciones, exigiendo unos que se indignen por unas pintas; a otros, que se indignen por los ataques a mujeres; ¿quién se indigna por todo lo demás que nos está pasando? No los veo…


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