Enrique Laviada
Enrique Laviada

En eso andábamos, que el presidente decía que su gobierno no tiene partido, y a los primeros cien días de distancia, siempre enigmáticos, pero enfilados en el registro de los tiempos y los resultados obtenidos.

No es un dato menor, por cierto, que el presidente afirme que su gobierno no responde a directrices partidistas, es decir, que rehúse el color como forma de actuar en la vida pública del país, en una declaración sin precedentes.

Si como se dice, es cierto que López Obrador toma distancia de la vieja tradición política de hacer de su partido el filtro de las decisiones, lo que corresponde al poder, conferido por los ciudadanos, me parce haría una gran diferencia, no exclusivamente en las formas, sino más bien en los contenidos de la política nacional.

Yo ando hablando a favor del presidente.

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Sin embargo, no tan solo y a solas tenemos declaraciones, pues el más rico de los empresarios mexicanos, léase don Carlos Slim, ha puesto en firme una postura personal y su adhesión pública al nuevo gobierno.

La lucha en contra de neoliberalismo se diluye, pues, no tiene una confrontación ética o moral, frente a la corrupción imperante en los ámbitos que corresponden a las entidades públicas, es decir, a la demanda social que se debe al Estado, expresado en visibles mayúsculas.

Se nos dice que debemos esperar a las mejores noticias del futuro, palabras simples, notas, eso que cada quien puede o debe o quiere sentir respecto de nuestro incierto futuro inmediato, a lo que debemos responder con una legitima duda, razonable por lo demás, simple y decididamente nuestra.

Yo ando hablando a favor del presidente.

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La izquierda que es responsable de los términos actuales, la que ve por los demás, es decir, la que ve por quienes no tienen una vida inmediata, por los desprotegidos, esto es, por los que conforman una serie infinita de injusticias.

Por ellos, o por los que nos mantenemos dispuestos a contribuir al socialismo moderno, al de nuestros días, al que soporta la democracia propia del despotismo tributario.

El autoritarismo no nos es extraño, digo, tanto como los testimonios en su contra, lo que nos anima, es decir, lo que encierra denunciarlo, vivirlo, en una lucha incansable, algo así como parte de la democracia, la mía, la que ya de ustedes es vigente, la de todos nosotros y los demás, amén.

Yo ando hablando a favor del presidente.

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Acertijo

Todos somos una misma cosa.


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