Enrique Laviada
Enrique Laviada

No creo equivocarme al decir que el municipio de Guadalupe sufre mucho y de distintas formas, sin que hasta el momento exista alguna razón que anime a su gente o traiga al menos un poco de tranquilidad, optimismo y confianza.

Esta circunstancia adversa parece crecer de manera desproporcionada, al grado de poner en riesgo a una parte muy importante de la zona conurbada de la capital del estado, en contraste con la ausencia de políticas públicas elementalmente coherentes y útiles para encarar lo que está sucediendo.

Ni la alternancia de partidos en el gobierno municipal, ni las relaciones de éste con los proyectos estatales o nacionales ha favorecido a los guadalupenses, al contrario, pareciera que, independientemente de quién se encuentre al frente del ayuntamiento, todo marcha mal y de malas.

La irresponsabilidad financiera de unos, los desórdenes administrativos de otros, la sombra de la corrupción y los malos manejos, la ineptitud de todos han dejado a este municipio y a sus pobladores en una especie de indefensión.

Los anunciados proyectos de industrialización están detenidos y bajo la duda, lo que implica una falta de sentido para el desarrollo y la vocación económica de la zona, debido entre otras cosas a que dichos proyectos, como el parque que daría espacio a un número importante de pequeñas y medianas empresas, es uno más de los intentos fallidos en detrimento de la de por sí endeble economía local.

Sin embargo, el municipio de Guadalupe es el de más rápido y amplio crecimiento poblacional, hacia allá se presenta la expansión de la marcha urbana, con nuevos fraccionamientos, colonias populares y también asentamientos irregulares, que se convierten en un verdadero reto para la satisfacción de los servicios públicos.

Lo lamentable es que todo el municipio, pasa por el peor momento de su historia, en lo que a servicios se refiere, además de una odiosa burocratización que ha logrado molestar en forma notable a sus viejos y nuevos habitantes.

Por si no fuera suficiente, Guadalupe ha resentido los peores males en materia de inseguridad y violencia, colocándose como un foco rojo en el mapa nacional por la frecuencia y alto impacto de los niveles delincuenciales, que van desde los delitos comunes hasta los que perpetra el denominado crimen organizado.

La percepción de la población en lo que a inseguridad se refiere muestra un incremento espectacular en tanto se confirma como un reflejo de la cruda realidad que pone a Guadalupe, en las lista de los municipios más peligrosos de Zacatecas.

Los guadalupenses extrañan la paz social de tiempos que parecen ya idos y lejanos, la gente tiene miedo de salir a la calle, el tejido social se encuentra visiblemente alterado o roto, en medio de un enorme y penoso vacío de autoridad, cuyas consecuencias aún son incalculables.

Así sufre Guadalupe.

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Acertijo

Lo que fácil se gana, fácil se puede perder.


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