FELIPE ANDRADE HARO
FELIPE ANDRADE HARO

Reina: ¡Sherap! Vengo para que arreglemos todo lo relativo al festejo del glorioso y cristiano “Día de la Mujer”. No quiero que sirva para que el viejerío hereje salga a las calles a pedir trabajo, comida y seguridad.

Había una vez un Rey medio torpe, pero en el fondo (muy en el fondo) sentía que era buena onda. Ésta es una de tantas historias.

SEGUNDO ACTO (El Rey come una nieve de fresa)

ESCENA IV

–Rey: Yomi, yomi, estas nieves de Don Bulmaro son la gloria. Están riquísimas las cabronas.

–Duque de Tarabilla: ¿Dijo algo, Majestad? Me pareció escuchar que decía una palabrota.

–Rey: ¿Yo palabrotas? Estás loco, ni que hubiera estudiado en una escuela pública. Yo me formé en el Colegio del Señor de los Rayos y las Centellas, donde las monjitas nos enseñaron valores morales. Ahí el padre nos dijo que las malas palabras ofenden al señor. Tú sí eres un lépero, pues fuiste a la Escuela “La Soldadera” donde se hablaban con puras malas palabras. Méndigo hereje.

–Duque de Tarabilla: Dígame, majestad ¿nunca, pero nunca, ha dicho una leperada? Porque sería un caso para el psicólogo. Le recuerdo el día en que, en su campaña, le aventaron un pañal desechable. Se aventó unas de carretonero que espantaron al más lépero.

–Rey: No fui yo, méndigo chirinolero. Fue mi asesor de imagen el que las dijo. Además, si yo las dijera ¿qué? Para eso soy el monarca y puedo hacer lo que quiera. ¡LO QUE QUIERA!

(A lo lejos se oye la voz de la reina, quien se acerca a la oficina del rey).

–Duque de Tarabilla: Uyyy, pos yo me pinto de colores, jefe, que parece que su vieja viene de malas.

–Rey: No seas méndigo, no me dejes solo. Te recae si te vas.

(Entra la reina).

–Reina: Duque le agradecería que se retirara en el acto, me urge hablar con este inútil.

(Sale el Duque como tapón de sidra, dejando al monarca con un rostro pálido).

–Rey: Y ahora ¿por qué vienes de malas, puchunguita? Dime quién te hizo enojar para mandarlo al calabozo o darle unos cintarazos en tu presencia. ¿Te traigo pastel con helado?

–Reina: ¡Sherap! Vengo para que arreglemos todo lo relativo al festejo del glorioso y cristiano “Día de la Mujer”. No quiero que sirva para que el viejerío hereje salga a las calles a pedir trabajo, comida y seguridad. ¡Sabes cómo me rechocan esas tonterías!

–Rey: Ya lo sé, puchunguita. ¿Qué quieres que haga?

–Reina: Por principio de cuentas deja de decirme “puchunguita”, hablas como naco. No que mucho colegio católico y quien sabe cuántas cosas le presumes a tus amigotes. Habla como la gente decente.

–Rey: No me regañes, Clotilde, mira que…

(La reina le avienta lo que tiene a la mano al rey, mientras éste hace alarde de su rolling boxístico).

–Reina: ¡Ya sabes que me molesta que me llames por ese nombre que mis padres me pusieron! Lo sabes y a propósito lo haces para molestarme. Puedes decirme por otro de mis cuatro nombres, Mariana es el que más me gusta.

–Rey: De acuerdo. Dime que necesitas para proceder a que se te entregue. Y no grites que ya en el palacio se burlan de mí.

–Reina: Escucha inútil. Te voy a dejar una lista de lo que necesito para la comida que voy a ofrecer a mis amigas. Tú te encargas de la prole. Y me prohíbes cualquier marcha de viejas escandalosas. Ah, y me las obligas a que vayan al rosario de las 12 o tabla. Nada más y me falla algo y ya sabes cómo te va.

–Rey: Claro que sí. Tus deseos son órdenes, puchun… perdón, Mariana.

(El rey ordena llevar ante su presencia al Duque de Tarabilla).

–Duque de Tarabilla: ¿Cómo le fue con su león, jefe? No, si su vieja es de armas tomar, pobre de usted, sigue pálido. Tenga le traje un cacho de bolillo para el susto.

–Rey: Escucha bien, hijo de la Clouthier. Compras todo lo que está en esta lista y le dices a la reina que sus deseos han sido cumplidos. También le entregas esta nota, pero en propia mano. Voy a salir a un evento de la mujer campesina y regreso al rato.

(El Duque de Tarabilla atiende el mandato de su rey. Se escuchan gritos, golpes).

–Guardia 1: ¡Qué onda, mi Duque! Qué milagro tenerlo acá en el calabozo, ya tenía tiempo que no lo mandaban a descansar.

–Duque de Tarabilla: Méndigo panzón me puso un cuatro, pero ya me vengaré. Unas de cal, hijo del Jefe Diego.

–Guardia 2: Pero para que le pusiste en la nota a la reina “Distinguida Marrana”, era “Mariana” ¿qué no? Pinche Duque tan llevadito. Disculpa, pero te voy a dar unos garnuchos.

¡LA MONARQUÍA ES TEMEROSA DE DIOS, CUANDO LE CONVIENE!


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