Miguel Moctezuma L.
Miguel Moctezuma L.

 La hipótesis es ésta: el Estado será inflexible desde la SEP y la SHCP ante los resultados de las tres últimas auditorías financieras practicadas a la institución; pero, en lugar de intervenirnos nos dejarán morir por inanición

Ésta es apenas una reseña crítica sobre la división artificial entre los docentes, que se promueve por los asesores y estrategas enquistados en las altas esferas de la UAZ, lo cual forma parte de otras prácticas en boga, tales como: la cooptación voluntaria y forzada, la amenaza velada y la persecución abierta. Se trata de un sistema pernicioso que destruye la cooperación y las relaciones de solidaridad que son consustanciales al concepto de pertenencia que nos une a todos bajo la identidad de ser parte de la comunidad universitaria.

Lo inmediato es presionarnos desde el SPAUAZ y desde cada Unidad Académica para imponernos nuevas relaciones laborales. Ya antes modificaron el Contrato Colectivo de Trabajo, intentaron rescindir a los profesores por su actitud crítica y recientemente lograron confundir a quienes les prometieron que les aperturarían sus cuentas bancarias; aún así, soy de la opinión de que no debemos culparlos. Recuérdese que preveíamos que la votación esperada en el plebiscito bien podía colocarnos como expresión ganadora o simplemente verla como un aval para darle continuidad a esta lucha: ¡eso haremos!

Desde la teoría de la acción racional que derivó del pensamiento de Milton Fridman y la acción racional teleológica de inspiración weberiana, el reducido núcleo que desde décadas atrás ha secuestrado a la UAZ aprovechará al máximo lo que la institución aún puede dar conservándola como agencia de colocaciones de empleo y como institución generadora de cuadros políticos. Estas perspectivas teóricas permiten concluir que esta noble institución desde años atrás se ha convertido en caja de resonancia en manos de un grupo de presión frente al Gobierno del Estado y a los grupos locales de poder. Otras veces, ese mismo grupo de presión ofrece votos a un partido político o a un sector del grupo dominante en el estado, lo cual resulta atractivo para aquellos que se acostumbraron a compartir el poder dándose concesiones. Cuando esto falla, este grupo de presión busca nuevas negociaciones transformándose en resistencia y crítica contestataria mediante un lenguaje “revolucionario” hasta lograr otro acuerdo.

Frente al nuevo contexto nacional y ante la ausencia de legitimidad expresada en los resultados de los dos últimos plebiscitos del Sindicato del Personal académico, ese grupo de presión ha perdido atractivo para los grupos de poder local. Su deterioro es tan pronunciado que los representantes institucionales y sus padrinos han perdido la real capacidad de negociación local y nacional, misma que ha llegado a un punto en donde lo único que queda es el precipicio. Entendámoslo bien: ¡ya no podrán ofrecernos nada!

La hipótesis es ésta: el Estado será inflexible desde la SEP y la SHCP ante los resultados de las tres últimas auditorías financieras practicadas a la institución; pero, en lugar de intervenirnos nos dejarán morir por inanición. Ese funeral concuerda con el perfil al que están acostumbrados quienes son removidos de algún espacio de decisión, que ellos mismos fundaron o contribuyeron a fundar, y que cuando ya no pueden dirigirlo, se dedican incansablemente a destruirlo. Esa lógica nunca ha fallado, pero hoy abarca a la universidad entera y avanza peligrosamente sin freno: 1) enfrentan a los profesores jubilados y/o más antiguos por el hecho de contar con la jubilación dinámica, frente a los profesores hora/clase que en la actualidad laboran bajo la figura de contrato por tiempo y obra determinada; 2) confrontan a profesores que tienen depósitos bancarios, así sean parciales, en sus cuentas de ahorro, frente a los ochocientos docentes que no tienen un sólo peso ahorrado; 3) contraponen a los profesores que centran su actividad en la investigación frente a aquellos que dedican todo su esfuerzo a la docencia frente a grupo. Esta confrontación toma formas concretas e ideológicas por sector; lo cual resulta rentable para quienes buscan mantenernos divididos. En efecto, se dice en voz alta: “los investigadores son privilegiados porque tienen escasa carga frente a grupo, mientras hay profesores con grupos de hasta 40 alumnos”, y/o “el Programa de Estímulos a la Carrera Docente debe ser para los profesores con carga laboral frente a grupo y no incluir a los profesores miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI)”. Existen posturas más atroces como aquella que señala que deberían desaparecer todos los programas de apoyo financiero basados en los méritos académicos que promueve la SEP y en lugar de ello contar con una bolsa de recursos que se distribuya equitativamente entre todos. Por supuesto, si no logramos desprendernos de esos juicios y prejuicios, terminaremos haciéndonos pedazos mientras otros harán su agosto.

La explicación de las diferencias reales entre los sectores de la universidad se debe a varios factores. En primer lugar, la negociación que en 1986 logró hacerse a favor de quienes en ese momento eran los docentes, quienes rescataron la jubilación dinámica. A partir de entonces las promociones sólo fueron posibles a través de los méritos académicos, lo cual no está mal por tratarse de una Universidad. En la actualidad, lo que predomina es la precariedad, la exacerbación en la explotación laboral y el corporativismo persecutorio de los docentes. Esto no cambiará por arte de magia. Por el contrario, si nos mantienen internamente en la confrontación, la UAZ entrará en una fase en la que habremos perdido las certezas, y, la historia, que nunca perdona; nos llamará a juicio. Hagamos, pues, cada quien su parte o nos dejarán una universidad desmembrada y menos reconocible.

 


Deja un comentario