Emilio
Emilio

La actual Legislatura de Zacatecas, ésta que concluye en septiembre de 2021, otorga anualmente el reconocimiento María Rodríguez Murillo. El galardón es para una mujer destacada en sus labores públicas y en favor de lo público que procure el equilibrio entre lo público y lo privado y se distinga por su causa en “favor de los Derechos Humanos de las mujeres y la Igualdad de Género”.

La imposición del reconocimiento, según la orden legislativa, es para refrendar “que la vida y sufrimiento de esta mujer [Rodríguez Murillo] debe quedar en la memoria de los zacatecanos”. Este año, en su quinta emisión, la distinción será para la abogada zacatecana Mara Muñoz Galván. Sobre ella tenemos opiniones diversas: es nuestra contemporánea y, sin prorrateo, lo pondero: es una persona que tiene causa activa contra los agravios cotidianos a las mujeres.

Mi propósito aquí es poner, para su lectura, un par de datos contextuales y biográficos más, pues los proporcionados por el Acuerdo 56 de la Legislatura son escuetos y tétricos. Dice el documento legislativo, fechado en febrero 12 de 2019:

La maestra María Rodríguez Murillo nació en el año de 1891, era originaria de San Antonio, Tabasco, Zacatecas, hija de Higinio Rodríguez y Brígida Murillo. Falleció el 26 de octubre de 1935, y de acuerdo con una nota informativa del periódico nacional El Universal, durante la madrugada de ese día llegaron unos hombres a su casa.

La violaron, la golpearon, la amarraron con una soga de los pies y la arrastraron a galope de caballo por el camino terregoso que lleva a la salida de Huiscolco [municipio de Tabasco]. Y le cortaron los senos. Y los colgaron en arbustos localizados en la orilla de camino. Uno a la derecha, otro a la izquierda. Como ejemplo para que los demás maestros desistieran de impartir educación socialista, obligatoria en el gobierno de Lázaro Cárdenas […]

María Rodríguez Murillo fue profesora rural en una escuela de tierra adentro. Vivía en la citada comunidad. De acuerdo al contexto nacional, ella era parte de los docentes que impartían sus lecciones de acuerdo al ya vigente artículo 3 constitucional, el que pregonaba la educación laica, gratuita y socialista.

Elvia Montes de Oca explica: “La nueva escuela socialista y la enseñanza que en ella impartirían los maestros, especialmente los rurales que no eran profesores de carrera sino empíricos, habría de incluir desde la alfabetización y la castellanización de niños y adultos hasta la enseñanza de modernas formas de organizaciones productivas-cooperativas, pasando por el aprendizaje de nuevas técnicas de trabajo agrícola que permitieran a los campesinos y a sus hijos organizarse mejor y optimizar sus actividades productivas. En el campo se enseñaría a los niños a cultivar colectivamente la parcela escolar, atender a los animales en los corrales lo mismo que a las plantas y los árboles de los huertos construidos como anexos escolares y, lo más importante, se les enseñaría a asumir una responsabilidad conjunta como parte de un grupo en que los intereses individuales quedarían subordinados a los intereses colectivos; tanto en el campo como en la ciudad, el grupo, no el individuo, tomaría las decisiones y marcaría el rumbo de las actividades escolares”[1].

Al cambio educativo, fomentado apenas un año antes, el escenario inmediato de la maestra Rodríguez Murillo era el de las rencillas que generaban la aplicación de la reforma agraria en Zacatecas, los cacicazgos locales que ejercían una arbitraria autoridad sin intervención estatal, la amenaza de gavillas de bandoleros y cristeros armados. Súmese a ello el patriarcalismo rural que situaba a las mujeres trabajadoras como una anomalía en su cultura machista.

Como líder secular, la profesora Rodríguez Murillo alfabetizó a una docena de niños; lo hizo con los medios a su alcance. Las formas no eran nada ajenas a las memorizaciones de las catequesis y poco menos a la reflexión y empuje de la pedagogía positivista.

El asesinato, o “sacrificio” –como fue asentado en el acta de defunción-, fue justificado por los textos con los que enseñaba. Los relatos que se hilaron al homicidio, a los textos les definían como inmorales, protestantes y comunistas. A los homicidas los tacharon de analfabetas violetos y procristeros.

La muerte de la docente fue un acto de violencia fomentada y autorizada. Ocurrió contra una mujer soltera y adulta que vivía de su trabajo.

 

Posdata

Este jueves 21 es de aniversario por el natalicio del expresidente de la República, don Benito Juárez García. Él cumpliría 213 años. También, mañana, es el inicio la primavera y en hartos centros educativos lo celebran como día de festividad y ocio. Veamos qué prima ese día: la fiesta primaveral muy secular o el civismo patrio cada vez menos laico.

[1] http://web.uaemex.mx/plin/colmena/Colmena%2063/Colmenario/EMON.html

 


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