Minerva Anaid Turriza / Licenciada en Historia
Minerva Anaid Turriza / Licenciada en Historia

“Por supuesto, el lector puede acercarse a estas narraciones y disentir con mi apreciación”

Hace poco cayó en mis manos una serie de tres novelas, conocida como “La trilogía de Helsinki”, que sonaba bastante prometedora. De entrada, las portadas son simpáticas y atractivas. Por otra parte, los comentarios de la crítica incluyen elogios que realmente pican la curiosidad, cosas como: “De Finlandia llega la Agatha Christie del norte” o “Una historia descrita como una combinación de Miss Marple y El abuelo que saltó por la ventana y se largó y que intentará conquistar a los lectores españoles con cada una de sus tres entregas que se irán publicando en castellano”. La realidad es que ese tipo de publicidad pone el listón muy alto. Lo que también despierta recelo y desconfianza, cuando menos a mí me provoca ese efecto. Sin embargo, decidí darle una oportunidad.

El primer libro se titula Tres abuelas y un cocinero muerto, y exactamente de eso va. Las protagonistas son tres viudas nonagenarias: Anna-Liisa, Irma y Siiri. Las tres son residentes de El bosque del crepúsculo, un asilo para ancianos aparentemente agradable y sofisticado, pero resulta ser en un lugar más bien tétrico. De pronto, cosas terribles comienzan a pasar: expedientes médicos que desaparecen, un empleado despedido repentinamente, el cocinero de la residencia muere y nadie quiere tocar el tema y, lo más terrible, uno de los residentes sufre abuso sexual en la ducha.

La siguiente entrega es Tres abuelas y un joyero de ida y vuelta. Las ancianas aún viven en El bosque del crepúsculo, pero la residencia atraviesa una serie de remodelaciones que la hacen casi inhabitable debido al caos que conlleva cualquier construcción: el trajín, el ruido, la gente yendo y viniendo a todas horas. Para escapar de las incomodidades las tres amigas deciden mudarse provisionalmente a un departamento compartido. En algún punto, el joyero al que alude el título desaparece, pero otra vez es un tema secundario. Este libro aborda sobre todo las deficiencias en la seguridad social y el tema de la eutanasia.

El cierre llega con Tres abuelas y un plan de sabotaje. El escenario es de nuevo la eterna residencia, ahora convertida en un edificio inteligente. En consecuencia, la tecnología es omnipresente. Los nuevos gestores del lugar son miembros de una organización (quizá sea más preciso decir secta) religiosa que se dedica a despojar a los residentes de su dinero. Las abuelas deciden tomar cartas en el asunto, acabar con los predicadores que han tomado el control y liberarse del exceso de máquinas en el proceso.

La autora de esta, a mi gusto, no muy bien lograda trilogía, es la escritora y periodista finlandesa Minna Lindgren y la publicación en español de sus novelas corre a cargo de SUMA, uno de los muchos sellos que forman parte del grupo editorial Penguin Random House.

La cosa no es que las historias narradas sean malas en sí mismas, tienen algunos innegables puntos a favor, sobre todo en el aspecto de la crítica y denuncia de la situación de desinterés e indefensión en que se encuentran la mayoría de los ancianos en la actualidad, sin importar si se trata de la civilizada y progresista Finlandia. De la misma forma cuenta con dosis de sentido del humor. Si bien es cierto que se trata de un humor más bien negro, pero está bien manejado: no es para nada chocante ni de mal gusto. El tema de la muerte es una constante siempre flotando y permeando la historia, a veces se le menciona directamente y en otras ocasiones no, pero está ahí, abordado con una visión lúcida y más bien optimista, sin miedo ni tabú.

El problema principal es la expectativa creada. Las críticas, las sinopsis, los títulos, incluso partes de la narración… Todo apunta a que el lector tiene frente a sí tres novelas de misterio, con crímenes que resolver, creados por una heredera de Agatha Christie y supuestamente a cargo de una especie de triple Miss Marple escandinava. Y no, no hay tal. La trama detectivesca es secundaria, en el mejor de los casos. Claro está que después de leer el primer libro ya se sabe más o menos qué esperar, o mejor dicho qué no esperar, si se decide continuar las “aventuras” de las abuelas. La narración no tiene nada de especial, es más bien soso y un tanto fragmentario. En fin, el conjunto me parece bastante flojo.


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